Ad gentes

Juicio del Papa Francisco

Sobre

Los errores del documento del Concilio Vaticano II:

 

Ad gentes

(Decreto del Vaticano II sobre la actividad misionera de la Iglesia. 7/12/1965)

 

 

Venerables Hermanos: Saludos en Jesús y María, y Bendición Apostólica



Obligación apostólica de vigilar el depósito de nuestra fe y denunciar el error.

 

1
Nuestro cargo apostólico, que viene directamente de Nuestro Señor Jesucristo, quien ha bajado por segunda vez a este valle de lágrimas, ejecutando con poder su gloriosa Parusía, nos impone la obligación de velar por la pureza de la fe y la integridad de la disciplina católica, así como de preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, sobre todo cuando el error y el mal se presentan con un lenguaje seductor que, con ideas ambiguas, que pueden ser interpretadas de muchas maneras, formuladas deliberadamente con palabras imprecisas, encienden nuestros más nobles sentimientos en el seguimiento de causas plausibles, políticamente correctas, pero peligrosas y funestas para la salvación de las almas y la salud del cuerpo místico de Cristo. Tales fueron las doctrinas de muchos filósofos de los últimos tres siglos, que alimentaron intelectualmente las revoluciones francesa y rusa, el liberalismo, el modernismo, y el progresismo, tantas veces condenadas por promover movimientos religiosos y sociales como el protestantismo, el evolucionismo, el laicismo, el socialismo, el comunismo y muchos otros “ismos”. Tales son las teorías que, penetrando en la religión católica mediante supuestos estudios bíblicos y teológicos, influyeron en los Padres del Concilio Vaticano II (CVII), los cuales, mayoritariamente, se dejaron seducir por un espíritu revisionista que reivindicaba la adaptación de la Iglesia a los tiempos modernos, como si la Verdad Absoluta y quien la reveló, el Dios vivo, pudiesen cambiar con el tiempo.

 
El Papa enjuicia su doctrina, no a las personas que la han predicado y practicado.

 

2
Nos hemos propuesto, Venerables Hermanos, en manifestar pública y solemnemente nuestro juicio acerca del documento "Ad gentes" (Decreto del Vaticano II sobre la actividad misionera de la Iglesia. 7/12/1965). Ha sido necesario, para que Nos decidiésemos a hacerlo, que vuestros sufrimientos se sumasen a los nuestros; porque Nos amamos al valiente y sufrido pueblo de Dios, y lo creemos digno de ser elogiado y admirado por muchos motivos. Amamos a las familias católicas, en las que Nos observamos espíritus luchadores, que combaten con decisión las seducciones del demonio, la carne y el mundo y que, enriquecidos por los dones del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, practican con decisión el amor a Dios y al prójimo. Vosotros mismos los habéis visto, Venerables Hermanos, penetrados de fraternidad y solidaridad hacia la raza humana, ir al encuentro de los que padecen en este valle de lágrimas, para aliviarlos de sus problemas materiales, pero también para sacarlos de las tinieblas del pecado mediante un mensaje de fe y esperanza en la Vida Eterna, a la que aspiran por el camino de la gracia, el sacrificio y el amor a Jesucristo mediante el cumplimiento de las leyes de la Religión Católica.


El Reino de Cristo nos urge a decir y divulgar la Verdad

 

3
Las cosas han llegado a tal extremo, que haríamos traición a Nuestro deber si guardáramos silencio por más tiempo. Tenemos obligación de decir la Verdad a nuestros queridos hijos católicos para que se den cuenta del engaño diabólico en el que cayeron en 1958 y vuelvan a la verdadera Iglesia Católica, la remanente, el resto fiel que sobrevivió a tantos años -59- de persecución, acoso y derribo, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, quien la ha alimentado en el desierto y, ahora, restaurado, rescatándola de la abominación desoladora -la apostasía- en la que había caído. Todo ello, realizado por Nuestro Señor tal y como estaba anunciado en las Sagradas Escrituras y profecías católicas, para que las puertas del infierno no prevaleciesen sobre su Iglesia.


Ya había sido advertido previamente y, a pesar de eso, introdujeron el error del modernismo progresista

 

4
Nos recordamos el día de la memorable Encíclica Pascendi Dominici Gregis que publicó Nuestro Predecesor, el Papa San Pío X, sobre los peligros del modernismo, al que denunció como compendio de todas las herejías [1]. La Iglesia militante, por boca de su Cabeza suprema, había derramado sobre los católicos todas las advertencias de su corazón maternal, y, con vivas ansias, exhortaba a los católicos a resistir a los falsos pastores infiltrados en el rebaño de Cristo. Sin embargo, el CVII y los años que siguieron  supusieron un triunfo histórico de la herejía. Todo lo que había sido denunciado previamente fue realizado, comenzando por la cabeza, y acabando por los pies del cuerpo de la Iglesia militante, la cual cayó, mayoritariamente, en el horrible pecado de apostasía.


La Verdad es eterna, y no se concilia con mentira alguna.

 

5
Porque hay que decirlo, Venerables Hermanos: nuestras esperanzas se vieron defraudadas. Llegó un día en que el modernismo progresista sedujo a los Padres del CVII, quienes aprobaron el documento Ad gentes el cual fue inspirado por un espíritu revisionista tanto del Magisterio solemne de los verdaderos Papas como del Derecho Canónico. En dicho documento se vienen a reconocer todas las falsas y demoniacas religiones como portadoras de verdad y, por tanto, se exhorta a los misioneros católicos a adaptarse a las costumbres paganas. Explícitamente, se llega a afirmar que “… las iglesias jóvenes … toman, en intercambio admirable, todas las riquezas de las naciones que han sido dadas a Cristo en herencia … reciben de las costumbres y tradiciones, de la sabiduría y doctrina, de las artes e instituciones de los pueblos todo lo que puede servir … para ordenar debidamente la vida cristiana” (AG:22), expresión que da credibilidad a los falsos profetas que, engañados por demonios, iniciaron las falsas religiones. Ello se expresa cayendo incluso en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor, el Papa Celestino I, de que “Jesucristo es la Verdad” [2]. Llegan a afirmar los Padres conciliares que los misioneros católicos deben de entenderse incluso con los “misioneros” de las escindidas y heréticas comunidades cristianas, como si estas últimas no fuesen también territorio a evangelizar (AG:29). Estos y otros errores se deben al relativismo religioso en el que cayó el CVII, y ha provocado todo tipo de abusos en nuestras misiones, que van desde impregnaciones paganas del catolicismo hasta abominables reuniones ecuménicas, así como el abandono del proselitismo católico –la llamada a conversión-.

 

La religión católica es el perfecto medio de Salvación.

 

6
Así, conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que “La Iglesia católica, … ni siempre, ni en un momento, obra ni puede obrar con todos sus recursos”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Bonifacio VIII había condenado este error, afirmando que “La religión católica es el perfecto medio de Salvación” [3]. Una vez más, Nos afirmamos que solo la Iglesia Católica posee la Santidad y la Verdad, y, por tanto, la Salvación.


Los pueblos paganos desconocen la Verdad y carecen de la gracia.

 

7
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que la verdad y la gracia se halla entre las gentes “como presencia velada de Dios”. Esta idea fue condenada, sin embargo, por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa San Pio X, quien afirmó que “los modernistas sostienen que cada uno tiene la secreta intuición de Dios” [4].


Las tradiciones religiosas de los infieles no son “grandes religiones”.

 

8
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que las gentes se reúnen en grandes y determinados grupos que “siguen alguna de las grandes religiones”. Según los Padres del CVII, son, pues, grandes religiones aquellas que rechazan a Cristo. Sin embargo, tal y como había afirmado Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa León X, “Los infieles son los enemigos odiosos de Dios” [5].


Los neófitos deben de abandonar radicalmente sus creencias anteriores.

 

9
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los recién convertidos -y, por tanto, bautizados- sigan en contacto con su vida antigua. Así, proponen explícitamente los Padres del Concilio que “Cultívese el espíritu ecuménico entre los neófitos”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio XI había enseñado que “El ecumenismo no puede, de ninguna manera, ser aprobado por los Católicos” [6].


Los Católicos profesan una fe diferente de la de los herejes.

 

10
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los Católicos y los herejes tienen una fe común. Así, proponen los Padres del CVII que “los católicos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, … en la común profesión de fe en Dios y en Jesucristo …”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Martin V había afirmado que “Los Católicos repudian y condenan la fe de los herejes” [7].


Cristo no es Señor de los herejes.

 

11
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que Cristo es Señor de los herejes. Así, proponen los Padres del Concilio que “…los católicos colaboren fraternalmente con los hermanos separados … por la causa de Cristo, su común Señor: ¡que su nombre los junte!”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pelagio II había afirmado que “quien no es Católico no posee al Padre” [8]. Una vez más, Nos afirmamos que la unión fuera del Catolicismo es una falsa unión.


Prohibido colaborar con los no católicos.


12
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “…los católicos colaboren fraternalmente con los hermanos separados … Esta colaboración hay que establecerla no solo entre las personas privadas, sino también, a juicio del ordinario del lugar, entre las Iglesias o comunidades eclesiales o sus obras”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio XI había afirmado que “Toda colaboración con los no Católicos está prohibida” [9].


Por el bautismo, el hombre es justificado instantáneamente.


13
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la conversión –y por tanto la justificación- es gradual y progresiva. Así, afirman los Padres del Concilio “… a fin de que los no cristianos … creyendo se conviertan libremente al Señor … Esta conversión hay que considerarla ciertamente inicial … Trayendo consigo este tránsito un cambio progresivo de sentimientos y de costumbres, debe … desarrollarse poco a poco durante el catecumenado”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “Por el bautismo, el hombre es justificado instantáneamente” [10].


Los Católicos deben de llamar a los paganos a la conversión, no al ecumenismo.

 

14
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los católicos deben de mantener un diálogo fraterno con los paganos. Así, llegan a proponer los Padres del CVII que “Edúquense en el espíritu del ecumenismo y prepárense convenientemente para el diálogo fraterno con los no cristianos”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio XI había afirmado que “un verdadero Católico trae los paganos al Catolicismo” [11].


Las tradiciones ascéticas y contemplativas de los paganos carecen de valor.

 

15
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que las tradiciones contemplativas paganas son aconsejables para la vida religiosa. Explícitamente, afirman los Padres del Concilio que “Consideren atentamente el modo de aplicar a la vida religiosa cristiana las tradiciones ascéticas y contemplativas, cuyas semillas había Dios esparcido con frecuencia en las antiguas culturas antes de la proclamación del Evangelio”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII, ya había condenado dicho error al afirmar que “Las tradiciones paganas son estériles y sin valor” [12].


Los laicos no son imprescindibles.

 

16
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que un “apostolado seglar” es necesario. Así, proponen los Padres del CVII que “La Iglesia no está verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es signo perfecto de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa San Pio X, de que “La Doctrina perniciosa considera a los laicos como el factor de progreso de la Iglesia” [13]. Al respecto, Nos volvemos a afirmar que no existe el apostolado seglar, esto es, los seglares no son apóstoles.

 

Las filosofías paganas deben de someterse a la revelación divina.

 

17
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los misioneros deben de explicar la fe basándose en la sabiduría de los pueblos. Así, proponen los Padres del CVII que “Así aparecerá más claramente por qué caminos puede llegar la fe a la inteligencia, teniendo en cuenta la filosofía y la sabiduría de los pueblos, y de qué forma pueden compaginarse las costumbres, … con las costumbres manifestadas por la divina revelación”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa León X, de que “La filosofía no puede desviarse de la Fe Católica” [14].

 

Las tradiciones religiosas paganas deben de ser sustituidas por la fe Católica.

 

18
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los misioneros deben de considerar las “sagradas” tradiciones de los paganos. Así, proponen los Padres del CVII que “…de suerte que los misioneros conozcan ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos, estén bien enterados del orden moral, de los preceptos religiosos y de su mentalidad acerca de Dios, del mundo y del hombre, conforme a sus sagradas tradiciones”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa León X, de que “Los infieles socavan la fe Católica” [14]. Al respecto, Nos afirmamos que las tradiciones religiosas de los paganos distan mucho de ser sagradas, pues sus falsos dioses, o no existen, o, si existen, son demonios.

 

Los cristiano-herejes no son misioneros.

 

19
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los misioneros católicos deben de colaborar fraternalmente con los “misioneros” heréticos. Así, proponen los Padres del CVII que “…para promover la unión de los cristianos, busque … la colaboración fraterna … con las empresas misionales de otras comunidades cristianas …”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Inocencio III, de que “Nosotros desenmascaramos y nos levantamos contra los herejes, adversarios de Cristo” [15]. Al respecto, Nos afirmamos una vez más que la unidad solo es posible en la Verdad y, en consecuencia, exhortamos a los herejes a convertirse al Catolicismo.

 

Los Institutos de perfección deben de guardar escrupulosamente la regla de su fundación, y dar testimonio de la Verdad.

 

20
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los Institutos de perfección que funden casas en los países de misiones, vivan allí acomodados a las religiones paganas. Así, proponen los Padres del CVII que “…se ruega a estos Institutos que funden casas en los países de misiones, como ya lo han hecho algunos, para que, viviendo allí de una forma acomodada a las tradiciones genuinamente religiosas de los pueblos, den su precioso testimonio … de la unión en Cristo”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Benedicto XIV, de que “El único objetivo de un misionero es liberar a los no católicos de sus errores” [16]. Al respecto, Nos afirmamos una vez más que la unidad solo es posible en la Verdad y, en consecuencia, exhortamos a los Institutos con casas en países de misión a dar testimonio, más que de la unidad, de la Verdad. Ello implica, en lugar de acomodarse a las religiones paganas, denunciarlas proféticamente.


Conclusión

 

21

Esta rápida exposición, Venerables Hermanos, os muestra ya claramente cuánta razón teníamos de decir que el modernismo progresista que inspiró el CVII opuso su errónea doctrina contra la sana doctrina tradicional de la Iglesia, que construyó su particular religión falsa mediante una teoría contraria a la Verdad católica y que falsificó con astucia diabólica las nociones esenciales y fundamentales que la Santa Madre Iglesia proponía desde su creación para la salvación de las almas por una supuestamente “mejor” actividad misionera. Esta falsa religión –la religión del hombre- viene a proponer la conciliación del Catolicismo con las religiones paganas con el objetivo de fomentar el que se establezca el reino de Dios en la tierra (AG:1, AG:42), contradiciendo al mismo Señor, quien ante Pilatos afirmó que su reino no es de este mundo. Una vez más, pues, se delinean los principios de la actividad misional católica sacrificando la Verdad en aras de una falsa Unidad y Caridad-Solidaridad entre los pueblos, ello a pesar del amplio magisterio existente afirmando que las verdaderas Unidad, y Caridad, y Solidaridad solo es posible construirlas dentro de la Iglesia Católica. El documento que juzgamos, pues, ha sido profundamente pernicioso en tanto que dio los frutos que sus autores -la cizaña masónica infiltrada- perseguía, esto es, un debilitamiento de la fe y un abandono de las auténticas prácticas de la religión católica, única religión verdadera, fuera de la cual no hay salvación, sino condenación eterna. El asunto se agrava mucho más por la razón del relativismo que impregna el documento, que viene a reivindicar una cierta bondad y verdad en las religiones no cristianas y/o cristiano-heréticas (AG:9, 10, 11, 15, 16, 18, 19, 22, 25, 26, 29, 40). Nos señalamos, como autor de este documento anticatólico, al mismo Lucifer, padre de la mentira, en tanto que fue su cuerpo místico, el anticristo, o masonería eclesiástica (la bestia que salió de la tierra del libro del Apocalipsis), vinculada a una organización masónica con marcado carácter y dimensión internacional (El Gran Oriente de Francia), quien puso su firma. La firma de Lucifer, Nos  la vemos claramente, aunque dispersa a lo largo del documento que juzgamos. Es la conocida divisa del Gran Oriente de Francia (los principios de libertad, igualdad y fraternidad), de modo que a la afirmación de Jesucristo –Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida-, su enemigo, Lucifer, propone -yo soy la libertad, la igualdad y la fraternidad-.

El principio de libertad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en AG:8, donde se afirma que “el Evangelio fue el fermento de la libertad y del progreso de la historia humana, incluso temporal”. Nos lo vemos también en AG:32 donde se propone liberar a los superiores de los Institutos eclesiásticos del yugo de la obediencia a la jerarquía, para lo cual se proponen “normas que regulen las relaciones entre los ordinarios del lugar y los Institutos”, y en AG:29 donde se propone un dicasterio misionero organizado “democráticamente”.

El principio de igualdad Nos lo vemos reivindicado también en todo el documento, pero de forma explícita, en AG:11, donde se afirma que todos los pueblos poseen riquezas religiosas igualmente válidas. Así, llegan a proponer los Padres del CVII a los misioneros que “estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten”. La misma idea se repite en AG:12, donde proponen que “Gusten los fieles de cooperar prudentemente … con los trabajos emprendidos …, por diversas comunidades cristianas y por las religiones no cristianas”. También proponen los Padres del CVII, explícitamente, y para más abundar en esta idea, la herejía del ecumenismo (AG:15, 36).

El principio de fraternidad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en AG:7, donde se proclama la “concordia fraterna … de todos los hombres”, en AG:8, donde se propone una “humanidad renovada, llena de amor fraterno”, en AG:12, donde se habla del “diálogo fraterno” y la “unión fraterna”, en AG:15, donde se exhorta a promover “el amor universal de los hombres”, en AG:16, donde se propone construir “el diálogo fraterno con los no cristianos”, en AG:21, donde se propone “el nuevo vínculo de unidad y de solidaridad universal”, en AG:38, donde se propone la herejía de la colegialidad episcopal, y en AG:41, donde proponen a los misioneros que “colaboren fraternalmente con otros cristianos, y con los no cristianos”. Dichos tres principios luciferimos –que el mundo aplaude-, podemos ver, venerables hermanos, cómo corroyeron el sano magisterio tradicional de la Iglesia, haciendo que cristalizase, desde 1958 hasta 2010, la abominación desoladora que profetizó Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia, esto es, la apostasía.

Así, vemos cómo los misioneros católicos dejaron de proponer la conversión a los hombres atrapados en las falsas religiones paganas, pues eso era considerado hacer proselitismo a favor de la religión propia, lo cual era juzgado como discriminación de las otras religiones. También hemos visto aparecer la herejía del ecumenismo, practicada por sucesivos antipapas en las abominables reuniones de Asís. Aparte de los anteriores, Nos observamos muchos otros errores, algunos de los cuales se denuncian y corrigen en la Tabla 1.  

 

Tabla 1.- Afirmaciones e ideas falsas que el padre de la mentira, Lucifer, ha incluido implícita o explícitamente, en el documento del CVII Ad gentes y Nuestra respuesta.

 

Afirmación/ idea falsa propuesta en Ad gentes

Respuesta/ corrección de la Iglesia Católica Remanente (Papa Francisco, Fátima Mística)

El CVII es un Santo Concilio (AG:1).

El CVII es un concilio para la apostasía.

Mas en el presente orden de cosas, del que surge una nueva condición de la humanidad, … este Santo Concilio, desea delinear los principios de la actividad misional …(AG:1).

El desarrollo científico-tecnológico del siglo XX no supone nada nuevo relacionado con el contenido de la actividad misional de la Iglesia.

Dios, para establecer la paz o comunión con El y armonizar la sociedad fraterna entre los hombres, … (AG:3).

Dios, para establecer la paz o comunión con El y armonizar la hermandad católica –la Iglesia-.

Cristo Jesús … es constituido cabeza de la humanidad renovada (AG:3).

Cristo Jesús … es constituido cabeza de la Iglesia Católica.

Los Santos Padres proclaman constantemente que no está sanado lo que no ha sido asumino por Cristo (AG:3).

Los Santos Padres proclaman constantemente que no está salvado lo que no ha sido redimido por Cristo.

… lo que ha efectuado una vez para la salvación de todos … (AG:3).

… lo que ha efectuado una vez para la salvación de su esposa la Iglesia.

 Mas el mismo Señor Jesús, antes de entregar libremente su vida por el mundo … (AG:4).

Mas el mismo Señor Jesús, antes de entregar libremente su vida por su esposa la Iglesia …

Este deber que tiene que cumplir el Orden de los Obispos, presidido por el sucesor de Pedro (AG:6).

Este deber que tiene que cumplir cada Obispo, en comunión con el sucesor de Pedro.

Pero a cualquier condición o situación deben corresponder acciones propias … (AG:6).

Pero a cualquier condición o situación deben corresponder las mismas acciones (la misma predicación, la misma liturgia).

… la Iglesia que como cuerpo del Verbo Encarnado … (AG:6)

… la Iglesia que, como cuerpo místico de Cristo ...

Además en ocasiones, se dan tales circunstancias que no permiten, por algún tiempo, proponer directa e inmediatamente el mensaje del Evangelio; entonces las misiones pueden y deben dar testimonio al menos de la caridad y bondad de Cristo con paciencia (AG:6).

El mensaje del Evangelio se ha de proponer siempre directa e inmediatamente. Aquel misionero que no es bien recibido debe de sacudir el polvo de sus pies y marcharse a otro lugar.

… la actividad misional fluye íntimamente de la naturaleza misma de la Iglesia, …, cuyo afecto colegial de Jerarquía ejercita, … (AG:6).

… la actividad misional fluye íntimamente de la naturaleza misma de la Iglesia, …, cuya organización de Jerarquía ejercita, …

… cuanto de los medios que hay que usar para conseguir la unidad de los cristianos (AG:6).

… cuanto de los medios que hay que usar para conseguir la conversión de los cristiano-herejes.

… la necesidad de la misión exige a todos los bautizados reunirse en una sola grey AG:6).

Los misioneros católicos no dependen de los herejes. Estos últimos también están llamados a la conversión y, por tanto, son tierra de misión. La “una sola grey” es la Iglesia Católica. No hay unidad fuera de la misma.

… el Señor puede conducir por caminos que El sabe a los hombres, que ignoran el Evangelio inculpablemente, a la fe … (AG:7).

… el Señor salva a los hombres por un único Camino, la Iglesia Católica.

El CVII se propone “que todo el género humano forme un solo Pueblo de Dios, se constituya en Cuerpo de Cristo, se estructure en un templo del Espíritu Santo” (AG:7).

La Iglesia se propone “que todo el género humano forme un solo Pueblo de Dios, se constituya en Cuerpo de Cristo, se estructure en un templo del Espíritu Santo por la conversión de todos al Catolicismo.

… cuando todos … regenerados en Cristo por el Espíritu Santo … (AG:7).

… cuando todos … regenerados en Cristo por el bautismo católico y, por tanto, por el Espíritu Santo ...

… porque Cristo es el principio y el modelo de esta humanidad renovada, llena de amor fraterno, de sinceridad y de espíritu pacífico, a la que todos aspiran (AG:8).

… porque Cristo es la piedra angular del edificio de la Iglesia Católica, y el Rey del Reino de los Cielos, el cual no es un reino de este mundo.

Pues sólo podemos acercarnos a la novedad de la vida exterminando todo lo antiguo (AG:8).

Pues sólo podemos acercarnos a la novedad de la Vida eterna exterminando todo pecado.

… el Evangelio … se presenta constantemente como germen de fraternidad, de unidad y de paz (AG:8).

… el Evangelio … se presenta constantemente como germen de Vida eterna.

… en la que Dios realiza abiertamente, por la misión, la historia de la salud (AG:9).

… en la que Dios realiza abiertamente, por la misión, la historia de la salvación.

Libera de contactos malignos todo cuanto de verdad y de gracia se hallaba entre las gentes (AG:9).

Libera a las gentes de la esclavitud del pecado.

Así, pues, todo lo bueno que se halla sembrado en el corazón y en la mente de los hombres, en los propios ritos y en las culturas de los pueblos, … es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios (AG:9).

Así, pues, el hombre esclavizado por el pecado es purificado, elevado y santificado para gloria de Dios.

La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos (AG:10).

La Iglesia, enviada por Cristo para liberar a los no católicos de la esclavitud del error.

La Iglesia debe de insertarse en los diferentes grupos humanos con afecto (AG:10). Es necesario que la Iglesia esté presente en estos grupos humanos por medio de sus hijos, que viven en ellos o que a ellos son enviados (AG:11).

La Iglesia debe de pasar por este valle de lágrimas con desapego/ desafecto, aunque cumpliendo sus obligaciones temporales.

Libres luego de los Sacramentos de la iniciación cristiana del poder de las tinieblas, … asisten con todo el Pueblo de Dios al memorial de la muerte y de la resurrección del Señor (AG:14).

Libres luego de los Sacramentos de la iniciación cristiana del poder de las tinieblas, … asisten con todo el Pueblo de Dios al Sacrificio Eucarístico.

Brille, por fin, la caridad entre los católicos de los diversos ritos (AG:15).

Brille, por fin, la caridad entre los católicos, unidos en una sola liturgia.

Los laicos son el fermento para animar y ordenar los asuntos temporales según el Evangelio de Cristo (AG:15).

El Reino de Cristo no es de este mundo temporal. Los laicos, como todos, deben de esforzarse en entrar, tras su muerte, en el Paraíso.

Los sacerdotes deben de formarse acomodándose al modo peculiar de pensar y de proceder del propio país (AG:16)

Los sacerdotes deben de formarse acomodándose al modo de pensar de Jesucristo, que es el de su única Iglesia, la Católica.

Los sacerdotes deben de prepararse para el diálogo fraterno con los no cristianos (AG:16)         

Los sacerdotes deben de prepararse para la denuncia profética de la moral y costumbres de los no cristianos y, al mismo tiempo, anunciarles la salvación en la Iglesia Católica.

… hay que procurar a quienes se entregan por entero (a la catequesis) … la seguridad social por medio de una justa remuneración. Es de desear que se provea … con subsidios especiales de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide (AG:17).

La catequesis, que los catequistas recibieron gratis, deben de transmitirla gratis.

… procuren los Obispos en la Conferencia que las Congregaciones, que tienen los mismos fines apostólicos, no se multipliquen … (AG:18).

… procure el Papa que las Congregaciones, que tienen los mismos fines apostólicos, no se multipliquen.

Procuren todos (los religiosos) … buscar la adaptación oportuna a las condiciones locales (AG:18).

Procuren todos (los religiosos) cumplir la regla fundacional, estén donde estén.

Las Iglesias jóvenes deben de arraigarse en la vida social y conformarse a la cultura del ambiente (AG:19).

Las Iglesias, tanto jóvenes como viejas, deben de vivir según manda el Catecismo (pre-CVII) y apartarse, en la vida social, de la cultura del ambiente.

Preocúpense las Conferencias Episcopales de que … se organicen cursos de renovación bíblica, teológica, espiritual y pastoral … (AG:20). … es necesario que en cada gran territorio sociocultural se promuevan los estudios teológicos por los que se sometan a nueva investigación … los hechos y las palabras reveladas por Dios (AG:22).

Preocúpese el Papa de que se organicen cursos de confirmación en la fe Católica.

… hay que atender … a la constitución de un laicado cristiano maduro y fomentar su apostolado (AG:21).

No existe el apostolado seglar. No existen “cristianos maduros”, sino “cristianos en gracia”.

La Iglesia se debe de adaptar y acomodar a los pueblos (AG:22). El futuro misionero … se acomodará generosamente a las costumbres ajenas y a las cambiantes condiciones de los pueblos (AG:25).

Los pueblos se deben de convertir al Catolicismo.

Los ordinarios y superiores reúnan en tiempos determinados a los misioneros para que … se renueven en el ministerio apostólico (AG:24).

Los ordinarios y superiores reúnan en tiempos determinados a los misioneros para confirmarlos en la fe Católica.

Los que hayan de ser enviados … estén nutridos “con las palabras de la fe y de la buena doctrina” que tomarán ante todo, de la Sagrada Escritura (AG:26).

Los que hayan de ser enviados, estén nutridos “con las palabras de la fe y de la buena doctrina” que tomarán ante todo, de la Sagrada Escritura, de la Tradición, y del Magisterio de los Papas.

La Iglesia reconoce las “Conferencias regionales de Obispos” (AG:26) y al “Sínodo de Obispos” (Consejo estable de Obispos para la Iglesia universal) (AG:29).

La relación que existe entre todos los Obispos es de hermandad, y todos, sometidos al Santo Padre.

La ordenación general de las misiones se encarga a un dicasterio dirigido por representantes elegidos de entre todos los que colaboran en la Obra misional (desde Obispos a seglares). Dicho dicasterio debe de tener en cuenta las investigaciones actuales de la teología, la metodología y de la pastoral misionera (AG:29).

Todos los que colaboran en la Obra misional están sometidos, por la obediencia, a la Jerarquía eclesiástica, en cuya cima se encuentra el Vicario de Cristo en la Tierra. Los misioneros deben de tener en cuenta las Escrituras, la Tradición y el Magisterio de los Papas.

La ordenación local de las misiones se encarga al Obispo y a un Consejo pastoral en que tomen parte clérigos, religiosos y seglares por medio de delegados escogidos (AG:30).

La ordenación local de las misiones se encarga al Obispo.

Es propio de las Conferencias Episcopales establecer y promover obras … (AG:38).

Es propio de los Obispos establecer y promover obras …

…”la edificación de la ciudad terrena se funda en el Señor y a El se dirige” (AG:41)

…”la edificación de la Iglesia se funda en el Señor y a El se dirige”.

 

 

Bibliografía católica citada

 

[1] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907).

 

[2] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 57.

 

[3] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 468.

 

[4] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907), 14.

 

[5] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 651.

 

[6] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pio XI (6 de enero de 1928), 2.

 

[7] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 421, 422.

 

[8] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 246.

 

[9] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 2199.

 

[10] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 800.

 

[11] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pio XI (6 de enero de 1928), 10, 17.

 

[12] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII (29 de junio de 1896), 9.

 

[13] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907), 27.

 

[14] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 606.

 

[15] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 426.

 

[16] The Papal Encyclicals. Edited by Claudia Carlen. The Pierian Press. Raleigh, 1990. (1), 57.

 

 

 

Papa Francisco, sobre los errores del documento del Concilio Vaticano II: Ad gentes.

 

Fátima Mística, 19 de Enero de 2018