Nostra aetate

Juicio del Papa Francisco

Sobre

Los errores del documento del Concilio Vaticano II:

 

Nostra aetate

(Declaración del Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. 28/10/1965)

 

 

Venerables Hermanos: Saludos en Jesús y María, y Bendición Apostólica



Obligación apostólica de vigilar el depósito de nuestra fe y denunciar el error.

 

1
Nuestro cargo apostólico, que viene directamente de Nuestro Señor Jesucristo, quien ha bajado por segunda vez a este valle de lágrimas, ejecutando con poder su gloriosa Parusía, nos impone la obligación de velar por la pureza de la fe y la integridad de la disciplina católica, así como de preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, sobre todo cuando el error y el mal se presentan con un lenguaje seductor que, con ideas ambiguas, que pueden ser interpretadas de muchas maneras, formuladas deliberadamente con palabras imprecisas, encienden nuestros más nobles sentimientos en el seguimiento de causas plausibles, políticamente correctas, pero peligrosas y funestas para la salvación de las almas y la salud del cuerpo místico de Cristo. Tales fueron las doctrinas de muchos filósofos de los últimos tres siglos, que alimentaron intelectualmente las revoluciones francesa y rusa, el liberalismo, el modernismo, y el progresismo, tantas veces condenadas por promover movimientos religiosos y sociales como el protestantismo, el evolucionismo, el laicismo, el socialismo, el comunismo y muchos otros “ismos”. Tales son las teorías que, penetrando en la religión católica mediante supuestos estudios bíblicos y teológicos, influyeron en los Padres del Concilio Vaticano II (CVII), los cuales, mayoritariamente, se dejaron seducir por un espíritu revisionista que reivindicaba la adaptación de la Iglesia a los tiempos modernos, como si la Verdad Absoluta y quien la reveló, el Dios vivo, pudiesen cambiar con el tiempo.

 
El Papa enjuicia su doctrina, no a las personas que la han predicado y practicado.

 

2
Nos hemos propuesto, Venerables Hermanos, en manifestar pública y solemnemente nuestro juicio acerca del documento "Nostra aetate" (Declaración del Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. 28/10/1965). Ha sido necesario, para que Nos decidiésemos a hacerlo, que vuestros sufrimientos se sumasen a los nuestros; porque Nos amamos al valiente y sufrido pueblo de Dios, y lo creemos digno de ser elogiado y admirado por muchos motivos. Amamos a las familias católicas, en las que Nos observamos espíritus luchadores, que combaten con decisión las seducciones del demonio, la carne y el mundo y que, enriquecidos por los dones del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, practican con decisión el amor a Dios y al prójimo. Vosotros mismos los habéis visto, Venerables Hermanos, penetrados de fraternidad y solidaridad hacia la raza humana, ir al encuentro de los que padecen en este valle de lágrimas, para aliviarlos de sus problemas materiales, pero también para sacarlos de las tinieblas del pecado mediante un mensaje de fe y esperanza en la Vida Eterna, a la que aspiran por el camino de la gracia, el sacrificio y el amor a Jesucristo mediante el cumplimiento de las leyes de la Religión Católica.


El Reino de Cristo nos urge a decir y divulgar la Verdad

 

3
Las cosas han llegado a tal extremo, que haríamos traición a Nuestro deber si guardáramos silencio por más tiempo. Tenemos obligación de decir la Verdad a nuestros queridos hijos católicos para que se den cuenta del engaño diabólico en el que cayeron en 1958 y vuelvan a la verdadera Iglesia Católica, la remanente, el resto fiel que sobrevivió a tantos años -59- de persecución, acoso y derribo, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, quien la ha alimentado en el desierto y, ahora, restaurado, rescatándola de la abominación desoladora -la apostasía- en la que había caído. Todo ello, realizado por Nuestro Señor tal y como estaba anunciado en las Sagradas Escrituras y profecías católicas, para que las puertas del infierno no prevaleciesen sobre su Iglesia.


Ya había sido advertido previamente y, a pesar de eso, introdujeron el error del modernismo progresista

 

4
Nos recordamos el día de la memorable Encíclica Pascendi Dominici Gregis que publicó Nuestro Predecesor, el Papa San Pío X, sobre los peligros del modernismo, al que denunció como compendio de todas las herejías [1]. La Iglesia militante, por boca de su Cabeza suprema, había derramado sobre los católicos todas las advertencias de su corazón maternal, y, con vivas ansias, exhortaba a los católicos a resistir a los falsos pastores infiltrados en el rebaño de Cristo. Sin embargo, el CVII y los años que siguieron  supusieron un triunfo histórico de la herejía. Todo lo que había sido denunciado previamente fue realizado, comenzando por la cabeza, y acabando por los pies del cuerpo de la Iglesia militante, la cual cayó, mayoritariamente, en el horrible pecado de apostasía.


La Verdad es eterna, y no se concilia con mentira alguna.

 

5
Porque hay que decirlo, Venerables Hermanos: nuestras esperanzas se vieron defraudadas. Llegó un día en que el modernismo progresista sedujo a los Padres del CVII, quienes aprobaron el documento Nostra aetate el cual fue inspirado por un espíritu revisionista tanto del Magisterio solemne de los verdaderos Papas como del Derecho Canónico. En dicho documento se vienen a reconocer todas las falsas y demoniacas religiones como buenas. Explícitamente, se llega a afirmar que “los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana” (NA:1), expresión que niega la revelación completa realizada por Nuestro Señor Jesucristo en su primera venida por un lado, y que da credibilidad a los falsos profetas que, engañados por demonios, iniciaron las falsas religiones, por otro lado. Ello se expresa cayendo incluso en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor, el Papa Celestino I, de que “Jesucristo es la Verdad” [2]. Llegan a afirmar los Padres conciliares que todo el género humano tiene el mismo fin último, que es Dios (NA:1), o sea, todos se salvan, independientemente de que se sea católico-fiel, católico-tibio, católico-infiel, cristiano-hereje, o practiquen el Hinduismo/ Budismo/ Islam, o sean ateos. Este gravísimo error –el relativismo religioso- ha provocado todo tipo de abusos en nuestras diócesis, que van desde la búsqueda de la falsa libertad budista hasta las abominables reuniones ecuménicas de Asís, ejecutadas por sucesivos antipapas post-conciliares.

 

Las religiones no católicas carecen de Santidad y Verdad.

 

6
Así, conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que “La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero”, como si hubiese Santidad y Verdad en las mismas. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el papa Clemente V había condenado este error, afirmando que “Las falsas religiones son sacrílegas e implantadas por el diablo” [3]. Una vez más, Nos afirmamos que solo la Iglesia Católica posee la Santidad y la Verdad, y, por tanto, la salvación.


Los cristianos deben de combatir la herejía y, por tanto, las falsas religiones.

 

7
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que “los hijos de la Iglesia … reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales … que existen en los falsos credos”. A este respecto, ya había afirmado Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Clemente V, que “es una grave ofensa no exterminar la herejía” [4].


La santidad solo se alcanza en la Iglesia Católica.

 

8
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “En el budismo … los hombres pueden adquirir el estado de suprema iluminación”. Sin embargo, tal y como había afirmado Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Celestino I, “los budistas son los esclavos de los poderes de las tinieblas” [5].


La libertad solo se alcanza en la Iglesia Católica.

 

9
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “En el budismo … los hombres pueden adquirir el estado de perfecta liberación”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Clemente V había enseñado que “La verdadera libertad no puede alcanzarse más que en la Iglesia Católica” [3].


El Camino que lleva a la verdadera Luz y a la Salvación es la Iglesia Católica.

 

10
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino … buscando refugio en Dios con amor y confianza”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa León X había afirmado que “el Hinduismo trata con un absoluto desprecio el camino que lleva a la verdadera Luz y a la Salvación” [6].


La Iglesia no aprecia a los musulmanes.

 

11
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “La Iglesia mira … con aprecio a los musulmanes”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Gregorio X había afirmado que “los Musulmanes son blasfemos y sin fe” [7].


El Islam no se somete a la Santísima Trinidad.


12
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los musulmanes … adoran a Dios … a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Eugenio IV había afirmado que “El Islam es una secta abominable” [8].


Jesús es Dios y María es la Madre de Dios. En el Árbol de la Cruz, Jesús realizó la redención del mundo. No se puede aceptar a Jesús y rechazar su obra redentora.


13
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los musulmanes veneran a Jesús como profeta … y honran a María, su Madre”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa León X había afirmado que “Los Musulmanes atacan la Cruz, símbolo de la Vida” [6]. Al respecto, Nos afirmamos que Jesús es más que un profeta, pues es Dios, y María es más que una mujer con honra, pues es la Madre de Dios. Quien rechaza la obra redentora de Jesús en el Calvario rechaza a la Santísima Trinidad.


Los musulmanes no se conducen según manda la Santísima Trinidad.

 

14
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los musulmanes … aprecian la vida moral, y honran a Dios …”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Clemente V había afirmado que “La conducta de los musulmanes es obscena y detestable” [9].


La Santísima Trinidad es el único Dios, y creó cielo y tierra.

 

15
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los musulmanes adoran al único Dios … Creador del cielo y de la tierra”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San León IX, ya había condenado dicho error al afirmar que “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son los creadores de todas las cosas” [10].


Solo los católicos fieles serán benditos el día del juicio final.

 

16
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los musulmanes … aprecian … el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Eugenio IV, de que “Todos los musulmanes serán malditos en el juicio final” [11]. También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres”. Esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Eugenio IV, de que “Los Judíos que observan la Ley serán condenados” [12].


Conclusión

 

17

Esta rápida exposición, Venerables Hermanos, os muestra ya claramente cuánta razón teníamos de decir que el modernismo progresista que inspiró el Concilio Vaticano II opuso su errónea doctrina contra la sana doctrina tradicional de la Iglesia, que construyó su particular religión falsa mediante una teoría contraria a la Verdad católica y que falsificó con astucia diabólica las nociones esenciales y fundamentales que la Santa Madre Iglesia proponía desde su creación para la salvación de las almas por una supuestamente “mejor” relación con las religiones no cristianas. Esta falsa religión –la religión del hombre- viene a proponer la conciliación del Catolicismo con las falsas religiones –Hinduismo, Budismo, Islam, Judaismo, etc- con el objetivo de fomentar la Unidad y la Caridad entre los hombres (NA:1). Una vez más, pues, se sacrifica la Verdad en aras de una falsa solidaridad entre los pueblos, solidaridad que solo es posible dentro de la Iglesia Católica. El documento que juzgamos, pues, ha sido profundamente pernicioso en tanto que dio los frutos que sus autores –la cizaña masónica infiltrada- perseguía, esto es, un debilitamiento de la fe y un abandono de las auténticas prácticas de la religión católica, única religión verdadera, fuera de la cual no hay salvación, sino condenación eterna. El asunto se agrava mucho más por la razón del relativismo que impregna el documento, que viene a reivindicar una cierta bondad y verdad en las religiones no cristianas (NA:2,3,4). Nos señalamos, como autor de este documento anticatólico, al mismo Lucifer, padre de la mentira, en tanto que fue su cuerpo místico, el anticristo, o masonería eclesiástica (la bestia que salió de la tierra del libro del Apocalipsis), vinculada a una organización masónica con marcado carácter y dimensión internacional (El Gran Oriente de Francia), quien puso su firma. La firma de Lucifer, Nos  la vemos claramente, aunque dispersa a lo largo del documento que juzgamos. Es la conocida divisa del Gran Oriente de Francia (los principios de libertad, igualdad y fraternidad), de modo que a la afirmación de Jesucristo –Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida-, su enemigo, Lucifer, propone -yo soy la libertad, la igualdad y la fraternidad-.

El principio de libertad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en NA:2, donde se afirma que el Budismo enseña a los hombres el camino hacia un supuesto estado de perfecta liberación. Nos lo vemos también en NA:3 donde se exhorta a los católicos a trabajar junto con los musulmanes para conseguir la libertad para todos los hombres.

El principio de igualdad Nos lo vemos reivindicado también en todo el documento, pero de forma explícita, en NA:1, donde se afirma que “todos los pueblos forman una comunidad, … y tienen también un fin último, que es Dios”, así como que “los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana”, lo que coloca a todas las religiones a igual nivel.

El principio de fraternidad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en NA:4, donde se exhorta a los católicos a mantener un diálogo fraterno con los judíos. También lo vemos reivindicado en NA:5, donde se defiende que la fraternidad universal excluye toda discriminación, incluida la religiosa.

Dichos tres principios luciferimos –que el mundo aplaude-, podemos ver, venerables hermanos, cómo corroyeron el sano magisterio tradicional de la Iglesia, haciendo que cristalizase, desde 1958 hasta 2010, la abominación desoladora que profetizó Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia, esto es, la apostasía.

Así, vemos cómo los misioneros católicos dejaron de proponer la conversión a los hombres atrapados en las falsas religiones paganas, pues eso era considerado hacer proselitismo a favor de la única religión verdadera, lo cual era juzgado como discriminación de las otras religiones. También hemos visto aparecer la herejía del ecumenismo, practicada por sucesivos antipapas en las abominables reuniones de Asís. Aparte de estos, Nos observamos muchos otros errores, además de los aquí denunciados, algunos de los cuales se corrigen en la Tabla 1.  

 

Tabla 1.- Afirmaciones e ideas falsas que el padre de la mentira, Lucifer, ha incluido implícita o explícitamente, en el documento del CVII Nostra aetate y Nuestra respuesta.

 

Afirmación/ idea falsa propuesta en Nostra aetate

Respuesta de la Iglesia Católica Remanente (Papa Francisco, Fátima Mística)

El CVII es un Sacrosanto Concilio.

El Concilio Vaticano II es un concilio para la apostasía.

En el CVII la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste su relación con respecto a las religiones no cristianas (NA:1).

En el CVII la Iglesia revisa y desdice al magisterio de los Papas sobre su relación con respecto a las falsas religiones no cristianas.

Es misión de la Iglesia fundamentar la Unidad y la Caridad entre los hombres en base a aquello que es común a los hombres (NA:1).

Es misión de la Iglesia buscar la Unidad y la Caridad entre los hombres en base a su integración, tras la conversión, en la Iglesia Católica.

Todos los pueblos forman una comunidad (NA:1).

Todos los católicos forman una comunidad, en el Señor.

Aún hay enigmas recónditos de la condición humana sin resolver: ¿Qué es el hombre, cual es el sentido y el fin de nuestra vida, el bien y el pecado, el origen y el fin del dolor, el camino para conseguir la verdadera felicidad, la muerte, el juicio, la sanción después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos? (NA:1).

Tras la primera venida de Cristo, todos los enigmas de la condición humana quedaron elucidados. La Iglesia lo explica en su catecismo (pre-CVII).

… se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción … del Padre (NA:2).

La Santísima Trinidad solo es percibida y conocida por los católicos.

… las demás religiones que se encuentran en el mundo, se esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, proponiendo caminos, doctrinas, normas de vida y ritos sagrados. La Iglesia católica no rechaza nada de que en estas religiones hay de santo y verdadero (NA:2)

Los caminos, doctrinas, normas de vida y ritos de las religiones no cristianas fueron inspirados por el padre de la mentira, el Diablo, y llevan a la condenación eterna.

La Iglesia … exhorta a sus hijos a que … reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales … que en ellos (los adeptos de otras religiones) existen (NA:2).

La Iglesia exhorta a sus hijos a que reconozcan, guarden y promuevan los bienes espirituales y morales propuestos en el catecismo católico (pre-CVII).

El Sagrado Concilio exhorta a todos a que,  olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos (con los musulmanes) la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres (NA:3).

La justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad solo la alcanzan los hombres dentro del catolicismo. Nos exhortamos, pues, a todos los musulmanes, a convertirse.

… el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham (NA:4)

El Pueblo del Nuevo Testamento, conformado por hombres de todas las razas, no tiene unión espiritual alguna con los que siguen esclavizados en la Ley.

Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles (NA:4).

Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a la Iglesia con la Santísima Trinidad.

El Sagrado Concilio recomienda estudios bíblicos/ teológicos y diálogo fraterno con los practicantes del judaísmo (NA:4).

Los católicos no tienen nada que consensuar con los que rechazaron y siguen rechazando a Cristo. Nos exhortamos, pues, a todos los judíos, a convertirse al catolicismo.

… no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras (NA:4).

La ruptura del velo del Templo acontecida el primer Viernes Santo es signo de ruptura de la Primera Alianza, reprobación y maldición.

… Cristo … abrazó … su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación (NA:4).

Cristo abrazó su pasión y muerte por los pecados de los hijos de su Iglesia, para que muchos consigan la salvación.

Dios es Padre de todos los hombres, creados a su imagen (NA:5).

Dios es Padre de todos los bautizados en la Iglesia Católica.

El CVII se propone eliminar el fundamento de toda teoría o práctica que introduce discriminación entre los hombres y entre los pueblos, en lo que toca a la dignidad humana y a los derechos que de ella dimanan (NA:5).

La discriminación entre los hombres y entre los pueblos es consecuencia del pecado. Nos exhortamos a todos los hombres a la conversión al catolicismo, al objeto de mitigarla ya en este valle de lágrimas y evitarla en las postrimerías.

La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión (NA:5).

El Espíritu de Cristo es el Espíritu Santo. Éste si discrimina por motivo de condición o religión, pues solo vive en los católicos que están en estado de gracia. Ello no impide a los católicos pasar por este valle de lágrimas amando al prójimo, incluso a sus enemigos.

 

 

Bibliografía católica citada

 

[1] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907).

 

[2] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 57.

 

[3] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 383.

 

[4] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 382.

 

[5] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 139.

 

[6] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 651.

 

[7] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 309.

 

[8] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 479.

 

[9] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 350.

 

[10] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 343.

 

[11] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 714.

 

[12] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 712

 

Papa Francisco, sobre los errores del documento del Concilio Vaticano II: Nostra aetate.

 

Fátima Mística, 10 de Enero de 2018