Sacrosanctum concilium

Juicio del Papa Francisco

Sobre

Los errores del documento del Concilio Vaticano II:

 

Sacrosanctum concilium

(Constitución del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. Ses. 3. 4/12/1963)

 

 

Venerables Hermanos: Saludos en Jesús y María, y Bendición Apostólica



Obligación apostólica de vigilar el depósito de nuestra fe y denunciar el error.

 

1
Nuestro cargo apostólico, que viene directamente de Nuestro Señor Jesucristo, quien ha bajado por segunda vez a este valle de lágrimas, ejecutando con poder su gloriosa Parusía, nos impone la obligación de velar por la pureza de la fe y la integridad de la disciplina católica, así como de preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, sobre todo cuando el error y el mal se presentan con un lenguaje seductor que, con ideas ambiguas, que pueden ser interpretadas de muchas maneras, formuladas deliberadamente con palabras imprecisas, encienden nuestros más nobles sentimientos en el seguimiento de causas plausibles, políticamente correctas, pero peligrosas y funestas para la salvación de las almas y la salud del cuerpo místico de Cristo. Tales fueron las doctrinas de muchos filósofos de los últimos tres siglos, que alimentaron intelectualmente las revoluciones francesa y rusa, el liberalismo, el modernismo, y el progresismo, tantas veces condenadas por promover movimientos religiosos y sociales como el protestantismo, el evolucionismo, el laicismo, el socialismo, el comunismo y muchos otros “ismos”. Tales son las teorías que, penetrando en la religión católica mediante supuestos estudios bíblicos y teológicos, influyeron en los Padres del Concilio Vaticano II (CVII), los cuales, mayoritariamente, se dejaron seducir por un espíritu revisionista que reivindicaba la adaptación de la Iglesia a los tiempos modernos, como si la Verdad Absoluta y quien la reveló, el Dios vivo, pudiesen cambiar con el tiempo.

 
El Papa enjuicia su doctrina, no a las personas que la han predicado y practicado.

 

2
Nos hemos propuesto, Venerables Hermanos, en manifestar pública y solemnemente nuestro juicio acerca del documento "Sacrosanctum concilium" (Constitución del Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. Ses. 3. 4/12/1963). Ha sido necesario, para que Nos decidiésemos a hacerlo, que vuestros sufrimientos se sumasen a los nuestros; porque Nos amamos al valiente y sufrido pueblo de Dios, y lo creemos digno de ser elogiado y admirado por muchos motivos. Amamos a las familias católicas, en las que Nos observamos espíritus luchadores, que combaten con decisión las seducciones del demonio, la carne y el mundo y que, enriquecidos por los dones del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, practican con decisión el amor a Dios y al prójimo. Vosotros mismos los habéis visto, Venerables Hermanos, penetrados de fraternidad y solidaridad hacia la raza humana, ir al encuentro de los que padecen en este valle de lágrimas, para aliviarlos de sus problemas materiales, pero también para sacarlos de las tinieblas del pecado mediante un mensaje de fe y esperanza en la Vida Eterna, a la que aspiran por el camino de la gracia, el sacrificio y el amor a Jesucristo mediante el cumplimiento de las leyes de la Religión Católica.


El Reino de Cristo nos urge a decir y divulgar la Verdad

 

3
Las cosas han llegado a tal extremo, que haríamos traición a Nuestro deber si guardáramos silencio por más tiempo. Tenemos obligación de decir la Verdad a nuestros queridos hijos católicos para que se den cuenta del engaño diabólico en el que cayeron en 1958 y vuelvan a la verdadera Iglesia Católica, la remanente, el resto fiel que sobrevivió a tantos años -59- de persecución, acoso y derribo, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, quien la ha alimentado en el desierto y, ahora, restaurado, rescatándola de la abominación desoladora -la apostasía- en la que había caído. Todo ello, realizado por Nuestro Señor tal y como estaba anunciado en las Sagradas Escrituras y profecías católicas, para que las puertas del infierno no prevaleciesen sobre su Iglesia.


Ya había sido advertido previamente y, a pesar de eso, introdujeron el error del modernismo progresista

 

4
Nos recordamos el día de la memorable Encíclica Pascendi Dominici Gregis que publicó Nuestro Predecesor, el Papa San Pío X, sobre los peligros del modernismo, al que denunció como compendio de todas las herejías [1]. La Iglesia militante, por boca de su Cabeza suprema, había derramado sobre los católicos todas las advertencias de su corazón maternal, y, con vivas ansias, exhortaba a los católicos a resistir a los falsos pastores infiltrados en el rebaño de Cristo. Sin embargo, el CVII y los años que siguieron  supusieron un triunfo histórico de la herejía. Todo lo que había sido denunciado previamente fue realizado, comenzando por la cabeza, y acabando por los pies del cuerpo de la Iglesia militante, la cual cayó, mayoritariamente, en el horrible pecado de apostasía.


La Verdad –y la liturgia- es eterna, y no se puede adaptar a ningún momento histórico.

 

5
Porque hay que decirlo, Venerables Hermanos: nuestras esperanzas se vieron defraudadas. Llegó un día en que el modernismo progresista sedujo a los Padres del CVII, quienes aprobaron el documento Sacrosanctum concilium el cual fue inspirado por un espíritu revisionista tanto del Magisterio solemne de los verdaderos Papas como del Derecho Canónico. En dicho documento se viene a reconocer, ante un mundo moderno muy diferente del anterior, que conviene adaptar la liturgia de la Iglesia a dicho mundo, como si la Verdad eterna depositada en ella –y la verdadera Liturgia- pudiese cambiarse, cayendo incluso en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor, el Papa Celestino I, de que “Jesucristo es la Verdad”[2]. Llegan a afirmar los Padres conciliares que los cristianos, aún estamos buscando la Verdad, y por tanto, la verdadera liturgia, con lo que se nos coloca en la misma condición que el resto de los hombres (esclavizados por el ateísmo y/o las falsas religiones). Así, se llega a afirmar en el proemio del mencionado documento que al concilio “le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia” (SC:1). Este gravísimo error ha provocado todo tipo de abusos en nuestras diócesis, que van desde la modificación de la Santa Misa Tridentina que había sido codificada -para la eternidad- por Nuestro Predecesor en el Cargo San Pío V hasta la modificación de los ritos sacramentales.

 

La Iglesia Católica ya es el “un solo rebaño y un solo pastor” que Dios quiere.

 

6
Así, conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que “… se congreguen en la unidad los hijos de Dios que están dispersos, hasta que haya un solo rebaño y un solo pastor”. En consecuencia, se manda a la Iglesia a que se esfuerce en construir la unidad con los herejes en orden a conseguir ese futuro único rebaño y único pastor. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el papa Pio XI había condenado este error, afirmando que “La Iglesia Católica tiene un solo rebaño y un solo pastor” [3]. Una vez más, Nos afirmamos que la unidad vendrá solo tras la conversión de los herejes al catolicismo.


Los ritos aprobados por la Iglesia no se pueden reformar.

 

7
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que “todos los ritos …, si fuere necesario, sean íntegramente revisados con prudencia”. En consecuencia, se abre la puerta a una posible renovación de los rituales, por entender los Padres del Concilio, que se pueden modificar. Sin embargo, ya había afirmado Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III que “Nadie puede cambiar los rituales aprobados por la Iglesia” [4].


La lectura tradicional de las Escrituras, dentro de la Liturgia, no se puede reformar.

 

8
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “En las celebraciones sagradas debe haber lectura de la Sagrada Escritura más abundante, más variada y más apropiada”. Tal y como había afirmado Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III, “quien rechaza la lectura tradicional de las Escrituras, que sea anatema” [5].


Es herético rechazar los rituales aprobados por la Iglesia.

 

9
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los rituales de la Iglesia no expresan del todo lo santo. Así, explícitamente, afirman que “En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III, enseñó que “Es una herejía despreciar los rituales aprobados por la Iglesia” [4].


La liturgia no es una co-celebración comunitaria.

 

10
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que tienen primacía las celebraciones comunitarias sobre las individuales o casi-privadas, en particular, en la celebración de la Misa. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XII, había afirmado sin embargo que “los herejes piensan que la liturgia es una co-celebración de la comunidad” [6].


Las misas privadas son tan recomendables como las casi-privadas o públicas.

 

11
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de la falsa “Primacía de las celebraciones comunitarias sobre las individuales o casi privadas”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pío VI había afirmado que “es un reflejo de herejía el disuadir las Misas privadas” [7].


Solo una expresión corporal piadosa se permite en Misa.


12
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los fieles tengan una participación activa con “acciones o gestos y posturas corporales”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Gregorio X había enseñado que “toda expresión corporal en Misa está condenada” [8].


Ningún ritual nuevo puede añadirse a la liturgia.


13
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “en la revisión de los libros litúrgicos, téngase en cuenta que en las rúbricas esté prevista también la participación de los fieles”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa San Pío V había afirmado que “ningún ritual nuevo puede ser añadido a la litúrgia” [9].


El ministerio de la liturgia es exclusivo del sacerdote.

 

14
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los laicos tienen su propio ministerio litúrgico. Expresamente, afirman los Padres del Concilio que “los acólitos, lectores, comentadores y cuantos pertenecen a la Schola Cantorum, desempeñan un auténtico ministerio litúrgico”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio XII había afirmado que “solo el clérigo es un ministro de la liturgia” [10].


En la Misa, el sacerdote representa a Cristo.

 

15
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “las oraciones que dirige a Dios el sacerdote … se dicen en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XII, ya había condenado dicho error al afirmar que “en la Misa, el sacerdote representa a Cristo, y no a los fieles” [11].


El ritual de la Misa no puede simplificarse.

 

16
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que sean simplificados los rituales. Así, afirman los Padres del concilio que “revísese el ordinario de la misa … simplifíquense los ritos …”. Sin embargo, esto entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio VI, de que “el ritual de la Misa debería ser simplificado: condenado” [12].


La introducción de moniciones en el ritual de la Misa está prohibido.

 

17
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de insertar comentarios cortos en la liturgia. Así, proponen los Padres del concilio que “… téngase previstas en los ritos mismos breves moniciones, que dirá el sacerdote u otro ministro competente … con palabras prescritas u otras semejantes”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa San Pio V había prohibido esto al afirmar que “Nosotros prohibimos, a perpetuidad, todo nuevo ritual en la Misa” [9].

 

Solo el latín o el español -con la consagración en latín- puede usarse como lengua en la Misa.

 

18
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que puede usarse cualquier lengua vernácula en la Misa. Así, proponen los Padres del concilio que “… como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en Misa como en la administración de los sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida …”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio VI había afirmado que “introducir en la Misa la lengua popular es demoniaco” [12, 13]. Al respecto, Nos afirmamos que la introducción del español se debe a que esa es la lengua que habló Cristo en su segunda venida.

 

La Liturgia no es adaptable a la mentalidad y tradiciones de los diversos pueblos.

 

19
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la Liturgia se adapte a la mentalidad y tradiciones de los pueblos. Así, proponen los Padres del concilio que “La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad …, ni siquiera en la Liturgia: por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa San Pio V había afirmado que “quien cambia la Misa será castigado con la cólera Divina” [9]. Para más abundar, Nuestro también Predecesor en el Cargo, San Pio X, había afirmado que “la adoración de los modernistas consiste, sobre todo, en adaptarse a las costumbres del mundo [14]. Los Padres del concilio llegan incluso a proponer adaptaciones radicales de la Liturgia, pues afirman que “… en ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la Liturgia”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio V también había afirmado que “las adaptaciones radicales de la liturgia están condenadas” [9].

 

La Liturgia no puede volver a los ritos primitivos.

 

20
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la Liturgia incorpore formas primitivas. Así, llegan a afirmar los Padres del concilio que “… simplifíquense los ritos … restablézcanse … de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres, algunas cosas que han desaparecido con el tiempo, …”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pio XII había afirmado que “están en un error los que desean que la liturgia vuelva a su forma primitiva” [15].

 

El ritual del sacramento del bautismo no es revisable.

 

21
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que deben cambiarse todos los rituales del sacramento del Bautismo. Así, llegan a proponer los Padres del concilio que “Revísense ambos ritos del bautismo de adultos, tanto el simple como el solemne …Revísese el rito del bautismo de los niños …” Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “quien cambie el Sacramento del Bautismo, que sea anatema” [4].

 

El ritual del sacramento de la penitencia no es revisable.

 

22
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que debe cambiarse el ritual del sacramento de la Penitencia. Así, llegan a proponer los Padres del concilio que “Revísese el rito y las fórmulas de la penitencia de manera que expresen más claramente la naturaleza y efecto del sacramento”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa San Pio X había afirmado que “la Iglesia no puede tocar la sustancia de los sacramentos” [16]. A la pretensión conciliar de que el sacramento es deficitario en la expresión de lo que realiza, Nos debemos recordar lo afirmado por Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III de que “quien dice que la Penitencia no realiza lo que dice, que sea anatema” [17]

 

El ritual del sacramento de la extremaunción no es revisable.

 

23
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que el sacramento de la extremaunción se redacte de modo que se convierta en “unción de enfermos” seguida, en el último momento, del “viático”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Julio III había afirmado que “la Extremaunción no puede cambiarse sin pecado” [18].

 

El ritual del sacramento de la Confirmación no es revisable.

 

24
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que se revise el rito de la confirmación. Explícitamente se afirma que “Revísese también el rito de la confirmación, para que aparezca más claramente la íntima relación de este sacramento con toda la iniciación cristiana”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “quien cambie el Sacramento de la Confirmación, que sea anatema” [4]. Erróneamente se propone también la renovación de las promesas del Bautismo antes de la celebración del sacramento de la Confirmación, como si el sacramento del Bautismo celebrado en su día hubiese sido insuficiente.

 

El ritual del sacramento del Matrimonio no es revisable.

 

25
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que se cambie el rito del matrimonio. Expresamente, afirman los Padres del concilio que “Revísese y enriquézcase el rito de la celebración del matrimonio … Si en alguna parte están en uso otras laudables costumbres y ceremonias …, el Santo Sínodo desea ardientemente que se conserven”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “Quien cambie el sacramento del Matrimonio, que sea anatema” [4].

 

Los sacramentales solo los puede administrar un sacerdote.

 

26
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que algunos sacramentales pueden ser administrados por laicos. Expresamente, afirman los Padres del concilio que “Provéase para que ciertos sacramentales, al menos en circunstancias particulares, y a juicio del ordinario, puedan ser administrados por laicos que tengan las cualidades convenientes”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Benedicto XV había afirmado que “solo un clérigo puede administrar los Sacramentos” [19], y Nos extendemos dicha afirmación a los sacramentales.

 

La tradición musical de los pueblos no se puede incorporar a la Liturgia.

 

27
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que el culto católico incluya la tradición musical de los pueblos. Expresamente, afirman los Padres del concilio que “Como en ciertas regiones, principalmente en las misiones, hay pueblos con tradición musical propia … dese a esta música la debida estima … al acomodar el culto a su idiosincrasia”. Ya Nuestro Predecesor en el Cargo, el Papa Clemente V había afirmado que “la música pagana es una vergüenza para las iglesias” [20].

 

Conclusión

 

28

Esta rápida exposición, Venerables Hermanos, os muestra ya claramente cuánta razón teníamos de decir que el modernismo progresista que inspiró el Concilio Vaticano II opuso su errónea doctrina contra la sana doctrina tradicional de la Iglesia, que construyó su particular religión falsa mediante una teoría contraria a la Verdad católica y que falsificó con astucia diabólica las nociones esenciales y fundamentales que la Santa Madre Iglesia proponía desde su creación para la salvación de las almas por una supuestamente “mejor” liturgia. Esta falsa religión –la religión del hombre- viene a proclamar los derechos democráticos de las asambleas territoriales de Obispos (SC:22.2), en detrimento de los derechos del monarca de la Iglesia, el Papa. En absoluto podemos entenderla como algo nuevo, pues Nos la vemos ya presente en la petición a Jesús de la madre de los discípulos Juan y Santiago, de que sus dos hijos se sentasen a su derecha e izquierda en su Reino. El documento que juzgamos, pues, ha sido profundamente pernicioso en tanto que dio los frutos que sus autores –la cizaña masónica infiltrada- perseguía, esto es, un debilitamiento de la fe y un abandono de las auténticas prácticas de la religión católica, única religión verdadera, fuera de la cual no hay salvación, sino condenación eterna. El asunto se agrava mucho más por la razón del relativismo que impregna el documento, que viene a venerar la tradición de los ritos orientales tanto como los occidentales (SC:24). Nos señalamos, como autor de este documento anticatólico, al mismo Lucifer, padre de la mentira, en tanto que fue su cuerpo místico, el anticristo, o masonería eclesiástica (la bestia que salió de la tierra del libro del Apocalipsis), vinculada a una organización masónica con marcado carácter y dimensión internacional (El Gran Oriente de Francia), quien puso su firma. La firma de Lucifer la vemos claramente, aunque dispersa a lo largo del documento que juzgamos. Es la conocida divisa del Gran Oriente de Francia (los principios de libertad, igualdad y fraternidad), de modo que a la afirmación de Jesucristo –Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida-, su enemigo, Lucifer, responde –yo soy la libertad, la igualdad y la fraternidad-.

El principio de libertad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en SC:22.2, donde se profundiza en la destrucción de la autoridad del Papa reconociendo la autoridad, en el campo de la liturgia, de las “asambleas territoriales de Obispos”.

El principio de igualdad Nos lo vemos reivindicado también en todo el documento, pero de forma explícita, en SC:4, donde se afirma que “el sacrosanto Concilio, …, declara que la Santa Madre Iglesia atribuye igual derecho y honor a todos los ritos …”.

El principio de fraternidad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en SC:57.1, donde se aprueba la concelebración en diferentes tipos de Misas, o en SC:21, donde se propone que el pueblo cristiano pueda participar de manera comunitaria.

Dichos tres principios luciferimos –que el mundo aplaude-, podemos ver, venerables hermanos, cómo corroyeron el sano magisterio tradicional de la Iglesia, haciendo que cristalizase, desde 1958 hasta nuestros días, la abominación desoladora que profetizó Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia, esto es, la apostasía.

Así, vemos cómo los misioneros católicos deformaron la sagrada liturgia para adaptarla al sentir de los pueblos paganos. También hemos visto aparecer la falsa liturgia que requería la herejía del ecumenismo, practicada por sucesivos antipapas en las abominables reuniones de Asís. Aparte de estos, Nos observamos muchos otros errores, aparte de los aquí denunciados, algunos de los cuales se presentan en la Tabla 1.  

 

Tabla 1.- Afirmaciones e ideas falsas que el padre de la mentira, Lucifer, ha incluido implícita o explícitamente, en el documento del CVII Sacrosanctum concilium y Nuestra respuesta.

 

Afirmación/ idea falsa propuesta en Sacrosanctum concilium

Respuesta de la Iglesia Católica Remanente (Papa Francisco, Fátima Mística)

El CVII es un sacrosanto Concilio.

El Concilio Vaticano II es un concilio para la apostasía.

Al CVII le corresponde  … proveer … al fomento de la Liturgia (SC:1).

El CVII abrió la puerta a futuras reformas prohibidas de la Liturgia.

La reforma de la Liturgia se justifica en orden a conseguir la unidad de los Hijos de Dios, esto es, que haya un solo rebaño y un solo pastor (SC:2).

El Concilio Vaticano II abrió la puerta a la reforma ilegal de la Liturgia para que esta pudiese ser aceptada por los herejes.

El CVII se atiene a la tradición (SC:4).

El CVII rompe con la tradición.

El CVII desea que los ritos sean íntegramente revisados … y reciban nuevo vigor, teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de hoy (SC:4).

La verdadera Liturgia no cambia con el tiempo.

… participen en el sacrificio y coman la cena del Señor (SC:10).

… participen en el sacrificio y coman el Cuerpo del Señor.

La reforma de la Liturgia ha de contemplar la plena y activa participación de todo el pueblo (SC:14).

El pueblo solo interviene en aquellas partes de la Liturgia en las que está previsto, siempre con santo temor de Dios.

Es indispensable que se provea antes que nada a la educación litúrgica del clero (SC:14).

Es necesario que se re-eduque al clero, de modo que se desande el camino andado desde el CVII.

Los pastores de almas fomenten … la educación litúrgica … de los fieles (SC:19).

Los pastores de almas fomenten la reeducación litúrgica de los fieles, de modo que se desande el camino andado desde el CVII.

La reforma de la Liturgia persigue que el pueblo cristiano obtenga con mayor seguridad gracias abundantes (SC:21)

La verdadera Liturgia pre-CVII es la única que, con seguridad, transmite la gracia.

La Liturgia tiene partes que se pueden cambiar (SC:21).

La verdadera Liturgia es una sola, desde la primera palabra a la última. Ninguna parte es reformable.

En la Liturgia se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados (SC:21).

La verdadera Liturgia carece de errores, y ninguna de sus partes puede quedar desfasada.

La celebración litúrgica es comunitaria (SC:21).

La celebración litúrgica la realiza el sacerdote, en el nombre de Cristo.

Solo la Jerarquía puede introducir cambios en la Liturgia (SC:22).

Solo el Papa puede introducir cambios en la Liturgia.

El CVII se propone conservar la tradición y abrirse al legítimo progreso (SC:23).

El CVII se propuso romper con la tradición y se abrió a un ilegítimo y pernicioso progreso.

El CVII debe proceder a una concienzuda investigación teológica … acerca de cada una de las partes que se han de revisar (SC:23).

Las conclusiones de toda investigación teológica deben de ser aprobadas por el Papa. La definición de las partes de la Liturgia que se han de revisar debe ser realizada por el Papa.

Evítense las diferencias notables de ritos entre territorios contiguos (SC:23).

Evítese cualquier diferencia en los ritos.

El CVII procura la reforma, el progreso y la adaptación de la sagrada Liturgia (SC:24).

La sagrada Liturgia es irreformable, perfecta e inadaptable.

Revísense cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo (SC:25).

Los libros aprobados por los verdaderos Papas no son revisables, ni por peritos, ni por Obispos.

La Iglesia es “sacramento de unidad” (SC:26).

La Iglesia es “sacramento de salvación”

Las acciones litúrgicas no son acciones privadas (SC:26).

Muchas acciones litúrgicas son acciones privadas y/o cuasi-privadas.

Los ritos … deben ser breves, … adaptados a la capacidad de los fieles (SC:34).

Los ritos deben ser completos. Los fieles deben de aceptarlos con santa paciencia y agradecimiento.

En las celebraciones sagradas debe haber lectura de la Sagrada Escritura más abundante, más variada y más apropiada (SC:35.1).

Las lecturas de la Sagrada Escritura en la liturgia pre-CVII son ya abundantes, variadas y apropiadas.

… el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo (SC:36.2)… será de incumbencia de la competente autoridad eclesiástica territorial, de la que se habla en el artículo 22.2, determinar si ha de usarse la lengua vernácula y en qué extensión (SC:36.3)

Solo la lengua aprobada por el Papa está permitida en la liturgia.

… se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones … (SC:38)… en ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la Liturgia (SC:40)… la autoridad eclesiástica territorial … considerará … los elementos que se pueden tomar de las tradiciones y genio de cada pueblo (SC:40.1)

Los diversos grupos, pueblos y misioneros deben de ceñirse estrictamente a los libros litúrgicos aprobados por el Papa.

El celo por … reformar la sagrada Liturgia se considera … como un signo de las disposiciones providenciales de Dios en nuestro tiempo, como el paso del Espíritu Santo por su Iglesia (SC:43).

El celo por … reformar la sagrada Liturgia se considera … como un signo de los tiempos, esto es, la abominación desoladora en el lugar santo que había sido anunciada por Nuestro Señor Jesucristo, esto es, el paso demoledor de Lucifer y su iglesia, la masonería, por la Iglesia de Dios.

El CVII propone la creación de “comisiones litúrgicas nacionales” que incorporen incluso seglares (SC:44), así como “comisiones litúrgicas diocesanas” (SC:45).

No existen liturgias territoriales/ diocesanas, ni comisiones de expertos para elaborarlas. La Iglesia tiene una sola Liturgia, que es universal.

El CVII propone la creación de “comisiones de música sagrada y arte sacro” (SC:46).

Toda música sagrada y todo arte sacro deben de pasar por la aprobación del Papa.

El CVII propone la participación activa de los fieles en la Liturgia (SC:48).

La participación que se da a los fieles en la verdadera Liturgia es la justa y necesaria.

El CVII propone revisar el ordinario de la misa, los rituales de los sacramentos, los de los sacramentales, etc.  (SC:50, 59-82).

Hay que usar el ordinario de la Misa de San Pio V, bien el latín, bien en español -con las consagraciones en latín-. Hay que recuperar los rituales de los sacramentos, sacramentales, etc., previos al CVII.

El mismo une a Sí la comunidad entera de los hombres (SC:83).

El mismo une a Sí la comunidad entera de los católicos.

… restablézcase el curso tradicional de las Horas de modo que … se tengan en cuenta las circunstancias de la vida moderna … (SC:88).

En el Oficio divino, restablézcase el curso tradicional de las Horas, de modo que se recupere totalmente el esquema pre-CVII, incluida la Hora de Prima.

Devuélvase su verdad histórica a las pasiones o vidas de los santos (SC:92.c).

La Iglesia siempre fue, es y será veraz al describir las pasiones o vidas de los santos.

El CVII propone revisar los himnos (SC:93).

Los himnos deben de ser aprobados por el Papa.

El CVII propone revisar el año litúrgico, incluso con adaptaciones de lugar (SC:107).

Hay que recuperar el año litúrgico del tiempo pre-CVII.

Foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que … resuenen las voces de los fieles (SC:118).

La verdadera Liturgia permite la intervención de los fieles en la medida justa y necesaria, evitando el ruido.

El CVII propone acomodar el culto a la idiosincrasia de los pueblos (SC:119).

Los pueblos deben de convertirse y aceptar la verdadera Liturgia.

El CVII propone una fecha de Pascua consensuada con los escindidos (SC: apéndice 1).

El domingo de Pascua es el que fija el año litúrgico del tiempo pre-CVII.

 

 

Bibliografía católica citada

 

[1] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907).

 

[2] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 57.

 

[3] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 7.

 

[4] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 856.

 

[5] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 784.

 

[6] Mediator Dei. Encíclica del Papa Pío XII (20 de noviembre de 1947), 83.

 

[7] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1528.

 

[8] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 328.

 

[9] Quo Primum. Bula del Papa san Pío V (19 de julio de 1570).

 

[10] Mediator Dei. Encíclica del Papa Pío XII (20 de noviembre de 1947), 93.

 

[11] Mediator Dei. Encíclica del Papa Pío XII (20 de noviembre de 1947), 92.

 

[12] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1533.

 

[13] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1566.

 

[14] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907), 26.

 

[15] Mediator Dei. Encíclica del Papa Pío XII (20 de noviembre de 1947), 61-62.

 

[16] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 2147a.

 

[17] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 849.

 

[18] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 928.

 

[19] Código de la Ley Canónica del Papa Benedicto XV (1917), canon nº 1146.

 

[20] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 378, 737.

 

 

 

 

 

Papa Francisco, sobre los errores del documento del Concilio Vaticano II: Sacrosanctum concilium.

 

Fátima Mística, 26 de Diciembre de 2017