Juicio del Papa Francisco

Sobre

Los errores del documento del Concilio Vaticano II:

 

Unitatis redintegratio

(Decreto sobre el ecumenismo. Ses 5. 21/11/1964)

 

 

Venerables Hermanos: Saludos en Jesús y María, y Bendición Apostólica



Obligación apostólica de vigilar el depósito de nuestra fe y denunciar el error.

 

1
Nuestro cargo apostólico, que viene directamente de Nuestro Señor Jesucristo, quien ha bajado por segunda vez a este valle de lágrimas, ejecutando con poder su gloriosa Parusía, nos impone la obligación de velar por la pureza de la fe y la integridad de la disciplina católica, así como de preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, sobre todo cuando el error y el mal se presentan con un lenguaje seductor que, con ideas ambiguas, que pueden ser interpretadas de muchas maneras, formuladas deliberadamente con palabras imprecisas, encienden nuestros más nobles sentimientos en el seguimiento de causas plausibles, políticamente correctas, pero peligrosas y funestas para la salvación de las almas y la salud del cuerpo místico de Cristo. Tales fueron las doctrinas de muchos filósofos de los últimos tres siglos, que alimentaron intelectualmente las revoluciones francesa y rusa, el liberalismo, el modernismo, y el progresismo, tantas veces condenadas por promover movimientos religiosos y sociales como el protestantismo, el evolucionismo, el laicismo, el socialismo, el comunismo y muchos otros “ismos”. Tales son las teorías que, penetrando en la religión Católica mediante supuestos estudios bíblicos y teológicos, influyeron en los Padres del Concilio Vaticano II (CVII), los cuales, mayoritariamente, se dejaron seducir por un espíritu revisionista que reivindicaba la adaptación de la Iglesia a los tiempos modernos, como si la Verdad Absoluta y quien la reveló, el Dios vivo, pudiesen cambiar con el tiempo.

 
El Papa enjuicia su doctrina, no a las personas que la han predicado y practicado.

 

2
Nos hemos propuesto, Venerables Hermanos, en manifestar pública y solemnemente nuestro juicio acerca del documento "Unitatis redintegratio" (Decreto de Vaticano II sobre el ecumenismo. Ses 5. 21/11/1964). Ha sido necesario, para que Nos decidiésemos a hacerlo, que vuestros sufrimientos se sumasen a los nuestros; porque Nos amamos al valiente y sufrido pueblo de Dios, y lo creemos digno de ser elogiado y admirado por muchos motivos. Amamos a las familias católicas, en las que Nos observamos espíritus luchadores, que combaten con decisión las seducciones del demonio, la carne y el mundo y que, enriquecidos por los dones del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, practican con decisión el amor a Dios y al prójimo. Vosotros mismos los habéis visto, Venerables Hermanos, penetrados de fraternidad y solidaridad hacia la raza humana, ir al encuentro de los que padecen en este valle de lágrimas, para aliviarlos de sus problemas materiales, pero también para sacarlos de las tinieblas del pecado mediante un mensaje de fe y esperanza en la Vida Eterna, a la que aspiran por el camino de la gracia, el sacrificio y el amor a Jesucristo mediante el cumplimiento de las leyes de la única religión verdadera, la Religión Católica.


El Reino de Cristo nos urge a decir y divulgar la Verdad

 

3
Las cosas han llegado a tal extremo, que haríamos traición a Nuestro deber si guardáramos silencio por más tiempo. Tenemos obligación de decir la Verdad a nuestros queridos hijos católicos para que se den cuenta del engaño diabólico en el que cayeron desde 1958 y vuelvan a la verdadera Iglesia Católica, la remanente, el resto fiel que sobrevivió a tantos años -59- de persecución, acoso y derribo, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, quien la ha alimentado en el desierto y, ahora, restaurado, rescatándola de la abominación desoladora –la apostasía- en la que había caído de forma culpable. Todo ello, realizado por Nuestro Señor tal y como estaba anunciado en las Sagradas Escrituras y profecías católicas, para que las puertas del infierno no prevaleciesen sobre su Iglesia.


Ya había sido advertido previamente y, a pesar de eso, introdujeron el error del ecumenismo

 

4
Nos recordamos el día de la memorable Encíclica Pascendi Dominici Gregis que publicó Nuestro Predecesor, el Papa San Pío X, sobre los peligros del modernismo, al que denunció como compendio de todas las herejías [1]. La Iglesia militante, por boca de su Cabeza suprema, había derramado sobre los católicos todas las advertencias de su corazón maternal, y, con vivas ansias, exhortaba a los católicos a resistir a los falsos pastores infiltrados en el rebaño de Cristo. Sin embargo, el CVII y los años que siguieron  supusieron un triunfo histórico de la herejía del ecumenismo. Todo lo que había sido denunciado previamente fue realizado, comenzando por la cabeza, y acabando por los pies del cuerpo de la Iglesia militante, la cual cayó, mayoritariamente, en el horrible pecado de apostasía.


La Verdad es eterna, y no se puede sacrificar al error del ecumenismo.

 

5
Porque hay que decirlo, Venerables Hermanos: nuestras esperanzas se vieron defraudadas. Llegó un día en que el modernismo progresista sedujo a los Padres del CVII, quienes aprobaron el documento Unitatis redintegratio el cual fue inspirado por un espíritu revisionista tanto del Magisterio solemne de los verdaderos Papas como del Derecho Canónico. En dicho documento se viene a proponer que se sacrifique el celo por la Verdad en aras de una falsa unidad de todos los cristianos (anglicanos, ortodoxos, protestantes y católicos), como si la Verdad eterna depositada en ella pudiese cambiarse, cayendo incluso en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor, el Papa Celestino I, de que “Jesucristo es la Verdad” [2].


La Iglesia Católica es universal desde su creación

 

6
Así, conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que los católicos suspiran por una verdadera Iglesia Universal, como si aún no lo fuese. En consecuencia, se manda a la Iglesia a que se esfuerce en construir dicha Iglesia Universal, aún en proyecto. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Inocencio III había afirmado que “La Iglesia Católica es la Iglesia Universal” [3].


La Iglesia Católica es visible desde su creación

 

7
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que los católicos suspiran por una verdadera Iglesia visible, como si aún no lo fuese. En consecuencia, se manda a la Iglesia a que se esfuerce en construir dicha Iglesia visible, aún en proyecto. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León III había afirmado que “es malo decir que la Iglesia es invisible” [4].


La Iglesia Católica es una desde su creación

 

8
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la restauración de la unidad entre todos los cristianos es un fin aún pendiente de realizarse, pues estamos divididos en católicos, anglicanos, ortodoxos y protestantes. Sin embargo, tal y como afirmó Nuestro Predecesor, el Papa Pío XI, “la Iglesia Católica es la unión de todos los creyentes”. [5] También Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XII afirmó que “los creyentes son uno en la fe y en el gobierno”. [6]  Por tanto, Nos afirmamos que la Iglesia Católica ya es “una” desde su creación.


Los herejes no están en comunión parcial con la Iglesia Católica

 

9
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los históricamente escindidos de la Iglesia Católica conservan alguna comunión, aunque no perfecta, con ella”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII, afirmó que “todos los herejes están fuera de la Comunión Católica, y son hostiles a la Iglesia” [7]. Nos afirmamos además que dicha falta de comunión no es parcial, sino total.


Los herejes no son nuestros hermanos.

 

10
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los que históricamente se escindieron son hermanos nuestros en Cristo (hermanos separados)”. Nos afirmamos en relación con esto que no es nuestro hermano quien está fuera de la Iglesia. No solo no son hermanos los anglicanos, ortodoxos y protestantes, sino que tampoco lo son los falsos católicos atrapados en la falsa fe manifestada en los documentos del Concilio Vaticano II.


No existe salvación fuera de la Iglesia Católica.

 

11
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “las Iglesias y comunidades separadas son usadas por Cristo como medios de salvación”. Al respecto, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León X había afirmado que “no hay absolutamente ninguna salvación fuera de la Iglesia” [8].


Los evangelios del Demonio se predican fuera de la Iglesia Católica.


12
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “La Palabra de Dios escrita se encuentra fuera del recinto visible de la Iglesia Católica”. Sin embargo, Nos afirmamos que son multitud los evangelios demoníacos que se predican en las sectas y falsas iglesias y, por tanto, exhortamos a los católicos a rechazarlos.


La Iglesia Católica debe de evitar a los herejes.


13
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la Iglesia Católica abraza con fraterno respeto y amor a los herejes”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Martin V había afirmado que “los herejes ofenden a Dios y escandalizan a la Iglesia” [9].


Solo los católicos son verdaderos cristianos.

 

14
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los escindidos reciben el nombre de cristianos con todo derecho”. Ya Nuestro Predecesor, el Papa Pío VI había afirmado que “solo los católicos son creyentes” [10].


Solo el bautismo católico sirve para la salvación.

 

15
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los escindidos reciben el bautismo debido”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pablo III, ya había condenado dicho error al afirmar que “sin la fe Católica, nadie se justifica jamás” [11].


Los herejes están totalmente separados del Cuerpo Místico de Cristo.

 

16
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los escindidos, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo”. Esta afirmación, sin embargo, entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Eugenio IV, de que “los herejes están totalmente separados del Cuerpo de Cristo” [12].


Fuera de la Iglesia Católica no existe la gracia.

 

17
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “las Iglesias y comunidades separadas tienen la misma plenitud de gracia que la Iglesia Católica”, lo que es lo mismo que decir que “los pecados pueden redimirse fuera de la Iglesia Católica”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Bonifacio VIII había condenado esto con la afirmación de que “fuera de la Iglesia no hay remisión de los pecados” [13].

 

Fuera de la Iglesia Católica no existe esperanza de salvación.

 

18
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “fuera del recinto visible de la Iglesia Católica existe la esperanza”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío IX había afirmado que “fuera de la Iglesia no hay ninguna esperanza de salvación” [14].

 

Fuera de la Iglesia Católica, nadie tiene la vida del Espíritu Santo.

 

19
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los dones interiores del Espíritu Santo existen fuera del recinto visible de la Iglesia Católica”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII, había afirmado que “un miembro amputado no tiene ya la vida del Espíritu Santo” [15].

 

Los herejes no pueden tener la fe de Cristo.

 

20
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la fe de Cristo existe fuera del recinto visible de la Iglesia Católica”. Nada más lejos de la Verdad, pues ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había afirmado que “quien está separado de la Iglesia no puede disfrutar de la fe del Padre y del Hijo” [15].

 

Solo la religión Católica participa del misterio de la salvación.

 

21
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “las Iglesias y comunidades separadas tienen sentido y valor en el misterio de la salvación”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Gregorio XVI había afirmado que “solo se salvan los hombres de religión Católica” [16].

 

Solo la Iglesia Católica es plenamente Católica.

 

22
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la existencia de escindidos impide que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Clemente VI había afirmado que “solo la Iglesia Romana es Católica” [17].

 

Los católicos deben de anatematizar proféticamente a los herejes.

 

23
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “para favorecer el ecumenismo, los católicos deben de eliminar palabras, juicios y actos que perjudiquen el mismo”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Martin I había afirmado que “los católicos deben de anatematizar a todos los herejes” [18]. Dado que todos los católicos son ungidos en su bautismo como sacerdotes, profetas y reyes, todos están llamados y, al mismo tiempo, obligados, a este duro trabajo de la denuncia profética del error y del pecado.

 

El ecumenismo implica abandonar la Verdad divinamente revelada.

 

24
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “el ecumenismo conduce al bien de la Verdad”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había afirmado que “el ecumenismo abandona la religión divinamente revelada” [19]. Con gran descaro se viene a proponer que “la Verdad revelada está aún pendiente de una elaboración teológica”, o sea, durante veinte siglos, la Iglesia nunca conoció la Verdad, la cual emergerá del futuro diálogo entre los católicos y herejes. Al respecto, Nos afirmamos que la Verdad no se dialoga, sino que se revela por Dios mismo.

 

No hay mártires fuera de la Iglesia Católica.

 

25
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los no católicos dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pelagio II había afirmado que “no hay mártires creyentes fuera de la Iglesia” [20].

 

La única Iglesia verdadera es la Católica, y es indefectible (=Santa).

 

26
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la Iglesia de Cristo subsiste indefectible en la Iglesia Católica de los siglos”. Al respecto, Nos afirmamos que la verdadera Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica, que es Santa y, por tanto, está libre de defectos.

 

El ecumenismo que pretende la unidad con los herejes es una herejía.

 

27
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la Iglesia Católica debe de cooperar diligentemente en la empresa ecuménica (= plenitud de unidad con los herejes) porque lo quiere Jesucristo”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había condenado dicha idea al denunciar que “los herejes intentan tratar con nosotros de igual a igual” [21], y también que “el ecumenismo deforma la verdadera idea de la religión y, de hecho, la rechaza” [19]. Al respecto, Nos afirmamos que la unidad que quiere Cristo es la que se somete a la Verdad.

 

 La libertad está sometida a la Verdad.

 

28
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la Iglesia “debe de dar libertad en la elaboración teológica de la verdad revelada”. Al respecto, Nos afirmamos que quien quiera ser libre debe de conocer y aceptar la Verdad, la cual fue revelada por Dios mismo. De ninguna manera está dicha Verdad aún pendiente de ser descubierta como fruto de la investigación de los teólogos.

 

No hay libertad para diversificar las formas de vida espiritual y de disciplina.

 

29
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “se observe la debida libertad en las diversas formas de vida espiritual y de disciplina”. Al respecto, Nos afirmamos que las diversas formas de vida espiritual y de disciplina deben de ser aprobadas por su Santidad, el Papa.

 

No hay libertad de diversificación de ritos litúrgicos.

 

30
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “se observe la debida libertad en la diversidad de ritos litúrgicos”. Al respecto, Nos afirmamos que los diversos ritos litúrgicos deben de ser aprobados por su Santidad, el Papa.

 

Es un crimen poner en peligro la Verdad revelada.

 

31
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “en aras de la unidad, se conserven solo las cuestiones esenciales de la fe”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XI se había preguntado: ¿cometeremos el crimen de poner en riesgo la Verdad revelada? [22]. Al respecto, Nos afirmamos que, en efecto, participar en un diálogo interreligioso dirigido a conseguir la unidad pone en peligro la Verdad revelada, y es, en efecto, un crimen en contra de la misma.

 

Lo que enseña la Iglesia Católica es el depósito de la fe.

 

32
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la enseñanza de la Iglesia –las formas de exponer la doctrina- es deficitaria, pues no es el depósito de la fe”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío IX había afirmado que “la enseñanza de la Iglesia es el depósito de la fe” [23]. Para más redundar, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había afirmado que “el magisterio no puede cometer error” [7]. Al respecto, Nos afirmamos que dicho dogma de nuestra fe fue depositado por Cristo mismo en su Iglesia, y es misión de la Iglesia guardarlo íntegro.

 

La disciplina eclesiástica no está sujeta a revisión temporal.

 

33
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la disciplina eclesiástica debe de restaurarse en el tiempo”. Al respecto, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío VI había condenado la idea de que “la Iglesia puede dar una disciplina mala” [24].

 

La Iglesia Católica no es reformable.

 

34
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Gregorio XVI había afirmado que “es absurdo e indignante decir que la Iglesia tiene necesidad de renovación” [25].

 

Los católicos deben de desechar el ecumenismo espiritual.

 

35
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “debemos orar con herejes y cismáticos”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío IX había afirmado que “toda oración con los herejes es condenable” [26].

 

Los católicos deben de desechar el ecumenismo teológico.

 

36
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “realicemos reuniones destinadas a tratar cuestiones teológicas donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual”. Al respecto, Nos afirmamos una vez más, que la doctrina de la Iglesia Católica es la Verdad Absoluta y, por tanto, no está sujeta al consenso con herejes y cismáticos.

 

La túnica inconsútil de Cristo no está desgarrada ni puede desgarrarse.

 

37
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de “reconocer que la túnica sin costuras de Cristo fue desgarrada por las separaciones de la Sede Apostólica Romana”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Bonifacio VIII había condenado esto al afirmar que “la túnica del Señor está sin costuras, y no puede ser cortada” [13].

 

No existen las Iglesias de Oriente y del Occidente, sino la Iglesia Católica.

 

38
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de “reconocer a las Iglesias del Oriente y del Occidente”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había afirmado que “la Iglesia es indivisible por naturaleza, aunque los herejes tienden a abrir brechas en todas partes” [10].

 

Los ordodoxos están separados de la Santísima Trinidad.

 

39
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los ortodoxos contribuyen a la edificación y al crecimiento de la Iglesia de Dios, y que su celebración eucarística es prenda de la gloria futura”. Ya el magisterio de la Iglesia había afirmado que “los herejes son las puertas del Infierno” [28]. También Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Eugenio IV había afirmado que “los que mueran cismáticos son enviados al fuego eterno” [29]. Por otra parte, al respecto, Nos afirmamos una vez más que los ortodoxos son rama cortada de la Vid del Señor y, al carecer de la gracia, son rama seca destinada al Infierno. Una vez más, Nos les llamamos a la urgente conversión al catolicismo, pues quien come al Cordero de Dios fuera de la Iglesia es un impío.

 

No hay interpretación de las Sagradas Escrituras fuera de la Iglesia Católica.

 

40
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los escindidos aman, veneran y estudian constante y solícitamente la Biblia”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío IX había afirmado que “los protestantes pervierten la Escritura Santa” [30]. Al respecto, Nos afirmamos que la promesa de Cristo de que el Espíritu Santo nos lo enseñaría todo fue hecha solo a la Iglesia Católica.

 

Los predicadores heréticos forman parte de un plan diabólico de perdición.

 

41
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la vida de los escindidos se nutre de la fe en Cristo y se robustece con la palabra de Dios oída –la predicación de sus predicadores-“.  Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Martin I había afirmado que “los predicadores herejes son el fruto de una operación diabólica” [31].

 

Dios nos llama a la verdadera unidad, dentro de la Iglesia Católica.

 

42
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los católicos establezcamos un diálogo para conseguir la unidad de acción con los herejes. Explícitamente se propone que “los proyectos de los fieles católicos progresen en unión con los proyectos de los hermanos separados”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XI había afirmado que “Dios nos llama a todos a la unidad Católica” [32].

 

Los católicos no deben de caer nunca en el imprudente irenismo.

 

43
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “hay que evitar el falso irenismo”. De aquí se deduce que para los Padres del Concilio Vaticano II existe un irenismo correcto. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XII había afirmado que “un imprudente irenismo … para restablecer la unidad fraterna … conduce a la común ruina” [33].

 

Conclusión

 

44

Esta rápida exposición, Venerables Hermanos, os muestra ya claramente cuánta razón teníamos de decir que el modernismo progresista que inspiró el Concilio Vaticano II opuso su errónea doctrina contra la sana doctrina tradicional de la Iglesia, que construyó su particular religión falsa mediante una teoría contraria a la Verdad Católica y que falsificó con astucia diabólica las nociones esenciales y fundamentales que la Santa Madre Iglesia proponía desde su creación para la salvación de las almas por un supuestamente “nuevo” ecumenismo. Sin embargo, ese “nuevo” ecumenismo es el de siempre, esto es, la tendencia o movimiento que busca la restauración de la unidad de las distintas confesiones religiosas cristianas “históricas”, separadas desde los grandes cismas. Esta falsa unidad se propone aún a costa de la Verdad revelada, y se apoya en la premisa falsa de que desde el principio existen fisuras en la Iglesia de Dios, esto es, la Iglesia Católica ha pecado en contra de la unidad.  En absoluto podemos entenderla como algo nuevo, pues Nos la vemos ya presente en los primeros siglos del cristianismo. El documento que juzgamos, pues, ha sido profundamente pernicioso en tanto que dio los frutos que sus autores -la cizaña masónica infiltrada- perseguía, esto es, un debilitamiento de la fe y un abandono de las auténticas prácticas de la religión Católica, única religión verdadera, fuera de la cual no hay salvación, sino condenación eterna. No es de extrañar que en el documento en cuestión se sobrevalore a los herejes hasta el punto de presentarlos como algo positivo dentro del plan salvífico de Dios. El asunto se agrava mucho más por la razón de que dicho ecumenismo encamina a los que se encuentran en la puerta estrecha que conduce a la salvación –el catolicismo- hacia la puerta ancha que conduce a la perdición –anglicanismo, protestantismo, orientalismo, etc-. Nos señalamos, como autor de este documento anticatólico, al mismo Lucifer, padre de la mentira, en tanto que fue su cuerpo místico, el anticristo, o masonería eclesiástica (la bestia que salió de la tierra del libro del Apocalipsis), vinculada a una organización masónica con marcado carácter y dimensión internacional (El Gran Oriente de Francia), quien puso su firma. La firma de Lucifer la vemos claramente, aunque dispersa a lo largo del documento que juzgamos. Es la conocida divisa del Gran Oriente de Francia (los principios de libertad, igualdad y fraternidad), de modo que a la afirmación de Jesucristo –Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida-, su enemigo, Lucifer, responde –yo soy la libertad, la igualdad y la fraternidad-.

El principio de libertad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en UR:4, donde se proclama la libertad en las diversas formas de vida espiritual y de disciplina, así como en la diversidad de ritos litúrgicos, e incluso en la investigación teológica.

El principio de igualdad Nos lo vemos reivindicado también en todo el documento, pero de forma explícita, en UR:9, donde se proponen reuniones destinadas a tratar, sobre todo, cuestiones teológicas, donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual.

El principio de fraternidad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en UR:24, donde se propone que los proyectos de los fieles católicos progresen en unión con los proyectos de los supuestos hermanos separados.  Dichos tres principios luciferinos –que el mundo aplaude-, podemos ver, venerables hermanos, cómo corroyeron el sano magisterio tradicional de la Iglesia, haciendo que cristalizase, desde 1958 hasta nuestros días, la abominación desoladora que profetizó Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia, esto es, la apostasía.

Así, hemos visto aparecer en estos años el pernicioso ecumenismo que practicaron sucesivos antipapas en las abominables reuniones de Asís. Aparte de estos, Nos observamos muchos otros errores, aparte de los aquí denunciados, algunos de los cuales se presentan en la Tabla 1.  

 

Tabla 1.- Afirmaciones e ideas falsas que el padre de la mentira, Lucifer, ha incluido implícita o explícitamente, en el documento del Concilio Vaticano II Unitatis redintegratio y Nuestra respuesta.

 

Afirmación/ idea falsa propuesta en Unitatis redintegratio

Respuesta de la Iglesia Católica Remanente (Papa Francisco, Fátima Mística)

La restauración de la unidad de las confesiones cristianas (católicos, anglicanos, ortodoxos y protestantes) es asunto aún pendiente.

Los hombres atrapados en las iglesias anglicanas, ortodoxas y protestantes solo pueden unirse a los católicos convirtiéndose de corazón y de obras al catolicismo.

El Concilio Vaticano II fue un concilio sacrosanto.

El Concilio Vaticano II fue un concilio para la apostasía.

Son muchas las confesiones cristianas que vienen de Jesucristo.

Solo la Iglesia Católica viene de Jesucristo.

Los herejes son discípulos del Señor.

Los herejes son discípulos del Diablo.

Los herejes anhelan la unión –entre sí, y con los católicos-.

Si anhelasen la unidad se convertirían.

Los herejes suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo.

Esa Iglesia por la que suspiran es la Católica, que es una, santa, católica y apostólica. Así, pues, que se conviertan.

La familia de Dios se caracteriza por una concordia fraterna.

La familia de Dios se caracteriza por una hermandad entre hijos del mismo Padre.

Los herejes escindidos no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación.

Los escindidos tienen en su conciencia el pecado de la separación del Cuerpo Místico de Cristo.

Los herejes conservan alguna comunión, aunque imperfecta, con la Iglesia Católica.

Los herejes están totalmente fuera de la comunión eclesial Católica.

A la plena comunión eclesiástica se interponen no pocos obstáculos … que el ecumenismo trata de superar.

El único obstáculo que tienen los herejes para ponerse en comunión eclesiástica es su falta de decisión a la conversión.

Los herejes son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia Católica.

Los herejes no se pueden considerar hermanos en el Señor, pues rompieron la comunión con el Señor al situarse fuera de la Iglesia con su herejía.

Fuera de la Iglesia Católica se encuentran elementos (la vida de la gracia, etc) que pertenecen por derecho a la única Iglesia de Cristo.

Los elementos religiosos que están fuera de la Iglesia Católica están también fuera de la única Iglesia de Cristo, que es la Católica. Fuera no hay ni gracia, ni fe, ni esperanza, ni caridad.

Los herejes son aptos para dejar abierto el acceso a la comunión de la salvación

Los herejes son puertas del infierno.

Las iglesias separadas tienen defectos.

Las iglesias separadas tienen pecados.

Los católicos deben de cooperar en la empresa ecuménica.

Los católicos deben de evitar el ecumenismo.

Los católicos han de emprender animosos la obra de renovación y de reforma.

Los católicos han de evitar su renovación y reforma, pues las verdades eternas no son ni renovables ni reformables.

El ecumenismo propone amor fraterno (=fraternidad).

El catolicismo propone amor entre hermanos (=hermandad).

El ecumenismo propone una única celebración de la Eucaristía para católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos, etc.

El catolicismo propone como única celebración eucarística la Santa Misa Tridentina que fue codificada por el Papa San Pío V.

Los católicos deben de acercarse a los herejes.

Los católicos deben de evitar a los herejes después de corregirlos fraternalmente.

El ecumenismo hará que cada día se manifieste más plenamente la auténtica catolicidad y apostolicidad de la Iglesia

La Iglesia manifiesta su catolicidad y apostolicidad desde el principio.

Renovar la Iglesia es ser fiel a la vocación.

Ser fiel a la vocación es ser fiel a la Iglesia.

Los católicos debemos pedir perdón a los herejes, pues hemos pecado contra ellos.

Los herejes deben pedir perdón a Dios, a través de la Iglesia Católica por su pecado de herejía.

Los católicos debemos de rezar, en oraciones ecuménicas, por la unificación con los herejes.

Los católicos debemos de rezar por la conversión de los herejes.

La autoridad episcopal local está sometida a la Conferencia episcopal.

La autoridad episcopal local solo está sometida al Santo Padre, el Papa.

La sagrada teología se ha de explicar en sentido ecuménico para que responda a la realidad.

La sagrada teología Católica se ha de explicar libre de la perniciosa influencia de los herejes.

Es necesario que los pastores y sacerdotes se imbuyan de la teología elaborada ecuménicamente.

Es necesario que los pastores y sacerdotes se imbuyan de la teología elaborada por los Santos, Doctores de la Iglesia y Papas.

Las diversas fórmulas teológicas de las iglesias de oriente y occidente, más bien que oponerse entre sí, se completan y perfeccionan unas a otras.

Las fórmulas teológicas de los ortodoxos son falsas, y chocan con la teología Católica.

La aplicación moral del Evangelio se ha de dialogar con los protestantes ecuménicamente.

La aplicación moral del Evangelio que realiza la Iglesia Católica está libre de error, y no se debe consensuar con los herejes.

 


Bibliografía católica citada

 

[1] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907).

 

[2] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 57.

 

[3] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 430.

 

[4] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII sobre la unidad de la Iglesia (29 de junio de 1896). 3.

 

[5] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 3,15.

 

[6] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 2286.

 

[7] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII sobre la unidad de la Iglesia (29 de junio de 1896). 9.

 

[8] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 646.

 

[9] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 428.

 

[10] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1500.

 

[11] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 787, 801.

 

[12] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 705.

 

[13] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 468.

 

[14] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1717.

 

[15] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII sobre la unidad de la Iglesia (29 de junio de 1896), 5.

 

[16] Summo Iugiter Studio. Encíclica del Papa Gregorio XVI sobre los peligros de los matrimonios mixtos (27 de mayo de 1832), 2.

 

[17] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 570.

 

[18] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 271-272.

 

[19] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 2.

 

[20] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 247.

 

[21] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 8.

 

[22] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 9.

 

[23] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 800.

 

[24] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1578.

 

[25] Mirari Vos. Encíclica del Papa Gregorio XVI condenando el liberalismo –libertad de conciencia y libertad de culto- (15 de agosto de 1832). 11.

 

[26] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1686.

 

[27] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII sobre la unidad de la Iglesia (29 de junio de 1896), 4.

 

[28] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 113.

 

[29] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 714.

 

[30] Qui Pluribus. Encíclica del Papa Pio IX (9 de noviembre de 1846), 14.

 

[31] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 271.

 

[32] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 17.

 

[33] Humani Generis. Encíclica del Papa Pío XII (12 de agosto de 1950), 7.

 

 

 

Papa Francisco, sobre los errores del documento del Concilio Vaticano II: Unitatis redintegratio.

 

Fátima Mística, 23 de Noviembre de 2017