Juicio del Papa Francisco sobre los errores del documento del Concilio Vaticano II "Gaudium et spes"

Juicio del Papa Francisco

Sobre

Los errores del documento del Concilio Vaticano II:

 

Gaudium et spes

(Constitución pastoral de Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo moderno. Ses 5. 21/11/1964)

 

 

Venerables Hermanos: Saludos en Jesús y María, y Bendición Apostólica



Obligación apostólica de vigilar el depósito de nuestra fe y denunciar el error.

 

1
Nuestro cargo apostólico, que viene directamente de Nuestro Señor Jesucristo, quien ha bajado por segunda vez a este valle de lágrimas, ejecutando con poder su gloriosa Parusía, nos impone la obligación de velar por la pureza de la fe y la integridad de la disciplina católica, así como de preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, sobre todo cuando el error y el mal se presentan con un lenguaje seductor que, con ideas ambiguas, que pueden ser interpretadas de muchas maneras, formuladas deliberadamente con palabras imprecisas, encienden nuestros más nobles sentimientos en el seguimiento de causas plausibles, políticamente correctas, pero peligrosas y funestas para la salvación de las almas y la salud del cuerpo místico de Cristo. Tales fueron las doctrinas de muchos filósofos de los últimos tres siglos, que alimentaron intelectualmente las revoluciones francesa y rusa, el liberalismo, el modernismo, y el progresismo, tantas veces condenadas por promover movimientos religiosos y sociales como el protestantismo, el evolucionismo, el laicismo, el socialismo, el comunismo y muchos otros “ismos”. Tales son las teorías que, penetrando en la religión católica mediante supuestos estudios bíblicos y teológicos, influyeron en los Padres del Concilio Vaticano II (CVII), los cuales, mayoritariamente, se dejaron seducir por un espíritu revisionista que reivindicaba la adaptación de la Iglesia a los tiempos modernos, como si la Verdad Absoluta y quien la reveló, el Dios vivo, pudiesen cambiar con el tiempo.

 

El Papa enjuicia su doctrina, no a las personas que la han predicado y practicado.

 

2
Nos hemos propuesto, Venerables Hermanos, en manifestar pública y solemnemente nuestro juicio acerca del documento "Gaudium et spes" (Constitución pastoral de Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo moderno. Ses 5. 21/11/1964). Ha sido necesario, para que Nos decidiésemos a hacerlo, que vuestros sufrimientos se sumasen a los nuestros; porque Nos amamos al valiente y sufrido pueblo de Dios, y lo creemos digno de ser elogiado y admirado por muchos motivos. Amamos a las familias católicas, en las que Nos observamos espíritus luchadores, que combaten con decisión las seducciones del demonio, la carne y el mundo y que, enriquecidos por los dones del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, practican con decisión el amor a Dios y al prójimo. Vosotros mismos los habéis visto, Venerables Hermanos, penetrados de fraternidad y solidaridad hacia la raza humana, ir al encuentro de los que padecen en este valle de lágrimas, para aliviarlos de sus problemas materiales, pero también para sacarlos de las tinieblas del pecado mediante un mensaje de fe y esperanza en la Vida Eterna, a la que aspiran por el camino de la gracia, el sacrificio y el amor a Jesucristo mediante el cumplimiento de las leyes de la Religión Católica.

 

El Reino de Cristo nos urge a decir y divulgar la Verdad

 

3
Las cosas han llegado a tal extremo, que haríamos traición a Nuestro deber si guardáramos silencio por más tiempo. Tenemos obligación de decir la Verdad a nuestros queridos hijos católicos para que se den cuenta del engaño diabólico en el que cayeron en 1958 y vuelvan a la verdadera Iglesia Católica, la remanente, el resto fiel que sobrevivió a tantos años -59- de persecución, acoso y derribo, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, quien la ha alimentado en el desierto y, ahora, restaurado, rescatándola de la abominación desoladora –la apostasía- en la que había caído. Todo ello, realizado por Nuestro Señor tal y como estaba anunciado en las Sagradas Escrituras y profecías católicas, para que las puertas del infierno no prevaleciesen sobre su Iglesia.



Ya había sido advertido previamente y, a pesar de eso, introdujeron el error del modernismo progresista

 

4
Nos recordamos el día de la memorable Encíclica Pascendi Dominici Gregis que publicó Nuestro Predecesor, el Papa San Pío X, sobre los peligros del modernismo, al que denunció como compendio de todas las herejías [1]. La Iglesia militante, por boca de su Cabeza suprema, había derramado sobre los católicos todas las advertencias de su corazón maternal, y, con vivas ansias, exhortaba a los católicos a resistir a los falsos pastores infiltrados en el rebaño de Cristo. Sin embargo, el CVII y los años que siguieron  supusieron un triunfo histórico de la herejía. Todo lo que había sido denunciado previamente fue realizado, comenzando por la cabeza, y acabando por los pies del cuerpo de la Iglesia militante, la cual cayó, mayoritariamente, en el horrible pecado de apostasía.



La Verdad es eterna, y no se puede adaptar a ningún momento histórico.

 

5
Porque hay que decirlo, Venerables Hermanos: nuestras esperanzas se vieron defraudadas. Llegó un día en que el modernismo progresista sedujo a los Padres del CVII, quienes aprobaron el documento Gaudium et spes el cual fue inspirado por un espíritu revisionista tanto del Magisterio solemne de los verdaderos Papas como del Derecho Canónico (GS:62). En dicho documento se viene a reconocer, ante un mundo moderno muy diferente del anterior, que conviene adaptar la Iglesia a dicho mundo, como si la Verdad eterna depositada en ella pudiese cambiarse, cayendo incluso en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor, el Papa Celestino I, de que “Jesucristo es la Verdad”[2]. Llegan a afirmar los Padres conciliares que los cristianos, consultando nuestras conciencias, aún estamos buscando la Verdad, con lo que se nos coloca en la misma condición que el resto de los hombres (esclavizados por el ateísmo y/o las falsas religiones). Este gravísimo error ha provocado todo tipo de abusos en nuestras diócesis, que van desde adoctrinamientos con diabólicas enseñanzas aprendidas en falsas apariciones marianas hasta la predicación de la nueva y falsa “religión del hombre”, que eleva a la criatura al nivel de su Creador. Con gran descaro se llega a afirmar (GS:62) que “los teólogos … deben de profundizar en la verdad revelada … colaborando con los hombres cultos para que los ministros sagrados puedan presentar a nuestros contemporáneos la doctrina … de forma más adaptada al hombre contemporáneo y a la vez más gustosamente aceptable por parte de ellos”.

 

Cristo Rey es el centro y la cumbre de todas las cosas

 

6
Así, conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que el hombre sea el centro y la cumbre de todas las cosas. En consecuencia, se manda a la Iglesia a que se esfuerce en construir la sociedad humana. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XI, en su encíclica “Quas Primas”, había condenado este error moderno, afirmando que “Cristo Rey es el centro y la cumbre de todas las cosas” [3]. Esto es, no es papel de la Iglesia construir la sociedad humana, sino la sociedad católica. Únicamente tras la conversión de todos los hombres a la verdadera religión se reconstruirá la sociedad humana caída por el pecado original. Es, pues, necesario, para avanzar en el deseable bienestar de la sociedad humana, hacerlo dentro de la verdadera moral, encontrándonos todos en el Dios verdadero y único, la Santísima Trinidad, el Dios de los católicos. Muchas veces, Nos hemos podido comprobar cómo los militantes católicos, por construir esa falsa sociedad humana, han tenido que renunciar a las verdades eternas que conforman el Dogma de nuestra fe. No es católico, pues, sacrificar los derechos de Dios para construir los derechos del hombre.



El ateísmo carece siempre de justificación

 

7
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró al CVII de que los ateos tienen diferentes razones para serlo. Ya afirmó Nuestro Predecesor el Papa Pío IX que los ateos son imperdonables en todos los casos [4]. Además, también afirmó Nuestro Predecesor el Papa San Pío X que el ateísmo es estúpido [5]. En efecto, la creación entera está anunciándoles permanentemente a su Creador. Por otra parte, el testimonio de los mártires y santos de la Iglesia Católica de todos los tiempos les juzga claramente fuera del Señor. Dado que tal y como cae el árbol así permanece para siempre, el que muera en dicha condición se quedará fuera de las moradas eternas, esto es, caerá en la condenación eterna.



Solo los hijos de la Iglesia Católica están unidos a Jesucristo

 

8
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que todo ser humano está unido a Jesucristo por el misterio de la encarnación. Tal y como afirmó Nuestro Predecesor, el Papa León XIII, “quien está separado de la Iglesia comete adulterio”[6]. Por tanto, Nos afirmamos que solo está unido a Jesucristo quien se ha bautizado y permanece en estado de gracia, dentro de la Iglesia Católica, esposa de Cristo.



Jesucristo se encarnó en María para revelar a Dios al hombre.

 

9
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “Cristo manifiesta (=revela) el hombre al propio hombre”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Gregorio XVI, enseñó que Cristo revela a Dios al hombre [7]. Nos afirmamos además que dicha revelación es única y completa, o sea, no hay otro, fuera de Cristo, habilitado por el Señor para revelarle, y, además, no se trata de una revelación incompleta, a la que aún falte algo, sino completa.



Dios es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social y de las instituciones sociales.

 

10
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social y de las instituciones sociales. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XI había afirmado que “es Cristo Rey el sujeto y la meta de toda vida social” [8]. Nos afirmamos en relación con esto que nada de cuanto piensa, siente y hace el cristiano católico puede abstraerse de su Creador.



Las opiniones contrarias al Dogma de la fe no son respetables.

 

11
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que quienes sienten u obran de modo distinto al catolicismo en materia social, política e incluso religiosa, son merecedores de respeto. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Eugenio IV había afirmado que “la Iglesia Católica condena todas las opiniones contrarias” [9], y, si las condena, no podemos decir al mismo tiempo que las respeta. La luz brillante de Dios es, pues, incompatible con cualquier sombra.



Los hombres, en sus postrimerías, tienen diferentes destinos. Unos se salvan y otros se condenan.


12
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que todos los hombres se benefician de la redención de Cristo y, por tanto, “tienen idéntico destino”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Benedicto XII había afirmado que “los que mueran en estado de pecado mortal serán destinados al Infierno” [10].

 

Las instituciones humanas deben de servir a Cristo.


13
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que las instituciones humanas, privadas o públicas deben de servir a lo que, ambiguamente, llaman “el fin del hombre”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pio XI había afirmado que “las instituciones humanas, públicas o privadas, deben de servir a Cristo” [11]. Una vez más se usa un lenguaje equívoco, pues la frase “el fin del hombre” se puede interpretar de muchas formas, lo que abre muchas puertas a la herejía.



La mujer casada debe de someterse a su esposo.

 

14
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que todos los hombres son iguales, e indiscriminables por razón de sexo. Ya Nuestro Predecesor, el Papa Pío XI había afirmado que “las mujeres deben de someterse a sus maridos” [12]. En efecto, así como la Iglesia se somete a Cristo, su esposo, la mujer casada debe de hacer la voluntad de su esposo, y este, la de Dios. Ambos forman una sola carne, cuya cabeza es la del marido. Los católicos que no acepten esto no son aptos para recibir el sacramento del matrimonio.



Solo la religión católica tiene el verdadero sentimiento religioso.

 

15
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación, o sea, que todas las religiones tienen un sentimiento religioso”. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Pio X, ya había condenado dicho error [13]. Una vez más, Nos afirmamos que el Dios vivo es celoso y no se concilia con los dioses falsos de las falsas religiones, los cuales, o son mudos, o, si hablan, son demonios.



Ninguna realidad de este valle de lágrimas es autónoma de su Creador.

 

16
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “las cosas creadas y la sociedad misma gozan de leyes propias”. Esta afirmación, sin embargo, entra en contradicción con lo afirmado por Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío IX, de que “todas las leyes deben de ser concordantes con la Ley Divina” [14]. Por tanto, la reivindicada “autonomía de la realidad terrena” es falsa.



Los ángeles y hombres caídos carecen de verdad y bondad propias.

 

17
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “todas las cosas creadas tienen su verdad y bondad propias”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Gregorio XVI había afirmado que “no hay verdad fuera de la Iglesia Católica” [15]. Por otra parte, si bien dijo Dios tras la creación que todo lo creado era bueno, tras la rebelión de las criaturas angélicas en el Cielo y de nuestros primeros padres en el Paraíso Terrenal, desapareció en parte dicha bondad, pues fue suplantada por el mal, el cual es el conjunto de acciones malas ejecutadas por las criaturas caídas y pervertidas por el pecado.

 

La única oblación que acepta Dios para el perdón de los pecados es Cristo.

 

18
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “en el futuro, la humanidad se convertirá en oblación agradable a Dios”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “el Padre envió a Jesucristo como única ofrenda posible” [16]. Dicha ofrenda se ofreció en el calvario el primer viernes santo de la historia de  modo cruento, y se vuelve a ofrecer en cada misa tridentina, de modo incruento, para el perdón de los pecados del pueblo de Dios, el cual está constituido únicamente por los creyentes católicos.

 

El alma es eterna, y se pierde en el infierno tras la segunda muerte.

 

19
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de “ocultar la postrimería del infierno”. Así, tergiversan el magisterio manipulando el lenguaje cuando escriben que “de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a si mismo”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI, había afirmado que “no hay ninguna ganancia en conquistar el mundo entero si se pierde el alma” [17]. Esta tergiversación del lenguaje, como ya se ha dicho, ha abierto la puerta a todo tipo de herejías en el ámbito católico, como Nos hemos podido comprobar.

 

Los herejes están fuera de la Iglesia Católica, y, por tanto, fuera de la salvación.

 

20
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “las iglesias o comunidades cristianas heréticas, como las protestantes, han hecho una estimable obra colaborativa con la Iglesia Católica”. Nada más lejos de la Verdad, pues ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Celestino I había afirmado que “los herejes atraen sobre sus cabezas el fuego inextinguible” [18].

 

El que sigue a Cristo, Dios y Hombre verdadero, se vuelve un hombre nuevo, creado a imagen de Dios.

 

21
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre”, o sea, se hace más humano. Sin embargo, ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “por Cristo nos volvemos un hombre nuevo creado a imagen de Dios” [19]. Por otra parte, la definición de Cristo solo como “Hombre perfecto” se presta a confusión por omitir su condición divina.

 

La Iglesia está facultada para proclamar la salvación en Jesucristo.

 

22
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la Iglesia está facultada para proclamar los derechos del hombre”. Sin embargo, ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había afirmado que “para lo que está facultada la Iglesia es para proclamar la salvación en Jesucristo” [20], salvación que consiste en mantenerse en estado de gracia desde el bautismo hasta la muerte.

 

El Santo Evangelio es inadaptable a situaciones y épocas históricas.

 

23
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “el Evangelio se debe de adaptar a todo el mundo y a cada tiempo”. Con descaro proponen que “esta adaptación de la predicación de la palabra revelada debe de mantenerse como ley de toda la evangelización”. Sin embargo, ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había denunciado que “los herejes sostienen que el Evangelio puede modificarse para responder a las necesidades de la vida humana” [21]. Una vez más, Nos afirmamos que son las situaciones y las épocas históricas las que deben de adaptarse al Evangelio de Dios.

 

Los matrimonios, en ningún caso, pueden limitar los nacimientos.

 

24
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que algunas circunstancias familiares justifican limitar los nacimientos. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había afirmado que “no está permitido a las parejas, en ningún caso, limitar los nacimientos” [22], así como que “el control de los nacimientos es un pecado grave” [23]. Con gran error, el Concilio relaciona esto con la interrupción de la vida conyugal de los esposos, que, según los Padres del Concilio, sería nefasta por conducir a la infidelidad. Al respecto, Nos afirmamos que aquellos matrimonios que no deseen más hijos, que convivan sin relaciones sexuales. Al respecto, hay que afirmar también que los órganos sexuales no se dieron al hombre y mujer con fines diferentes a la procreación, ni siquiera para estimular el amor conyugal. Con gran descaro, propone el Concilio que “los científicos, principalmente los biólogos, los médicos, los sociólogos y los psicólogos, pueden contribuir mucho al bien del matrimonio y de la familia y a la paz de las conciencias si se esfuerzan por aclarar más a fondo, con estudios convergentes, las diversas circunstancias favorables a la honesta ordenación de la procreación humana”, como si los científicos pudiesen dar la paz a los padres que han destruido a un hijo, y como si existiese una “honesta ordenación de la procreación”. Hipócritamente, dice el Concilio que el objetivo de dicho control de nacimientos es que los cónyuges formen familias realmente “espléndidas”, sin definir lo que ese adjetivo (espléndidas) significa. Nos afirmamos que las familias no deben de ser espléndidas (= políticamente correctas), sino católicas, en las que todos los miembros, abuelos, padres e hijos, acatan los mandamientos de Dios y su Iglesia y, así, se preparan para la postrimería del Cielo.

 

La solidaridad internacional, fuera de la Iglesia Católica, es imposible.

 

25
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los católicos tenemos la misión de “trabajar con todos los hombres en la edificación de un mundo más humano, fundamentalmente por medio de la cultura moderna, la cual contribuiría a la solidaridad internacional”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Pío X había afirmado que “sin el catolicismo, la solidaridad universal es imposible” [24].

 

La Iglesia está ligada a la tradición y la costumbre de sus Sacramentos.

 

26
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la Iglesia “no está ligada ….. a costumbre alguna –antigua o reciente-“. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pablo III había afirmado que “la Iglesia está atada a la tradición de los Sacramentos” [25]. Al respecto, Nos afirmamos que la revelación Divina de la Verdad llega a nuestros días no solo a través de las Sagradas Escrituras, sino también a través de la tradición. Un ejemplo lo tenemos en el Dogma de la Inmaculada Concepción de María, el cual fue creído desde los primeros siglos de cristianismo, mucho antes de que Nuestro predecesor en el cargo, el Papa Pío IX lo proclamase en 1854 [26].

 

La Iglesia no tiene una conciencia colectiva, sino la conciencia de Cristo, su cabeza.

 

27
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la Iglesia tiene por misión guiar al hombre universal hacia una conciencia colectiva supuestamente sanada y elevada maravillosamente por Cristo”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Pío X había condenado la idea de que “la Iglesia sea una conciencia colectiva” [27]. Al respecto, Nos afirmamos que la conciencia de la Iglesia es la de Cristo, su Cabeza, la cual es perfecta. Los miembros del Cuerpo tienen el mandato de imitarla a la perfección, no democratizarla/ colectivizarla.

 

 Lo que predica la Iglesia es la Verdad eterna.

 

28
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que la Iglesia “tiene una Verdad –depósito de la fe- pero la podría estar predicando erróneamente, por su modo de formularla, faltando a su verdadero sentido y significado”. Descaradamente proponen los Padres del Concilio, en orden a remediar esto, que “nos conciliemos con este mundo” (en particular, con las ciencias profanas, como la psicología, la sociología, la literatura y el arte). ¿Acaso es posible un consenso entre la luz y las tinieblas?. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío IX había afirmado que “lo que predica la Iglesia debe de ser aceptado como la Verdad eternamente” [28]. Al respecto, Nos afirmamos que son los contenidos de las Ciencias Humanas, Naturales o Exactas, los que deben de someterse a la doctrina de la Iglesia, no al revés.

 

Los bienes de este mundo no se pueden repartir igualitariamente.

 

29
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “todos los hombres tienen derecho a la igualdad de bienes, y, por tanto, lo creado debe de llegar a todos en forma equitativa. Así, pretenden que la propiedad individual pertenezca por igual a la comunidad”. Para justificar esto se reivindican conceptos como la justicia social y la caridad. Sin embargo, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había afirmado que “la Iglesia reconoce, para también afirmar, la desigualdad en la posesión de bienes, condenando así el proyecto socialista de implantar la comunidad de bienes; así, la Iglesia ordena que el derecho de propiedad permanezca intacto” [29].  Al respecto, Nos afirmamos que los bienes de este mundo son el pan que, tras la caída de nuestros primeros padres, el Señor nos mandó ganar con el sudor de nuestra frente. Recordemos también las palabras del Apóstol: “quien no trabaja, que no coma”.

 

No existe la libertad de opinión, ni la libertad de conciencia, ni la libertad religiosa.

 

30
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “todos los hombres tienen derecho a la libertad de opinión, a la libertad de conciencia, y a la libertad religiosa”. Para justificar esto se reivindica el concepto de la dignidad humana. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Pío X había afirmado que “las falsas expectativas sobre la dignidad humana son la raíz de muchos errores” [30]. Al respecto, Nos afirmamos que los discípulos de Cristo deben de opinar como Cristo opina y tener su misma conciencia, y que carecen de libertad religiosa, pues una sola es la religión que tienen mandado practicar, la religión católica.

 

La autoridad civil debe de ser sumisa a la autoridad de la Iglesia.

 

31
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la Iglesia no espera privilegios dados por el poder civil”. Para justificar esto se reivindica el concepto de que “es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Bonifacio VIII había afirmado que “la autoridad civil debe de ser sumisa a la autoridad de la Iglesia” [31]. Al respecto, Nos afirmamos que la Iglesia siempre predicó y predicará la fe con auténtica libertad, pues ésta, la libertad, la poseemos por conocer la Verdad, y porque permanecemos en la misma. La ayuda que el poder civil da a la Iglesia, en ningún modo puede condicionarla, y mucho menos, esclavizarla.

 

Los católicos no somos hermanos de los cristianos no católicos.

 

32
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los católicos tenemos parentesco con los cristianos no católicos, a los que el Concilio trata como “hermanos”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Pío X había afirmado que “el parentesco solo es posible entre los católicos” [24]. Al respecto, Nos afirmamos, una vez más, que solo el catolicismo es una familia en la que se da la verdadera hermandad. Es falsa, pues, la expresión “hermanos separados”, pues si están separados, no son hermanos. Obsérvese cómo el modernismo propone suplantar el concepto “hermandad” por “fraternidad”, pues este último no exige la existencia de un Padre.

 

Los católicos no podemos implicarnos en el control poblacional limitando nacimientos.

 

33
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los católicos podemos apoyarnos en la Ciencia para limitar los nacimientos”. Con gran descaro, proponen los Padres del Concilio: “Dese al hombre también conocimiento sabiamente cierto de los progresos científicos con el estudio de los métodos que pueden ayudar a los cónyuges en la determinación del número de hijos …”. Al respecto, Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había afirmado que “ningún método científico puede controlar los nacimientos” [23], y Nos ampliamos afirmando que ningún método, sea científico o no, se puede usar para destruir una vida nueva, la cual ya existe, con dimensiones eternas, desde el mismo momento de la fecundación. Las familias que no deseen más hijos, que practiquen, como ya se ha dicho, la abstinencia sexual, la cual no quita nada al amor y fidelidad conyugal.

 

Los católicos no podemos construir fuera de nuestra fe.

 

34
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los católicos tenemos que cooperar con los otros hombres –la comunidad internacional- en el servicio de los pueblos en vías de desarrollo, esto es, en la construcción de la humanidad, independientemente de la fe”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Clemente V había afirmado que “nosotros no podemos construir más que sobre la base de nuestra fe” [32]. Al respecto, Nos afirmamos, una vez más, que nuestra misión es construir el Reino de Cristo, el cual no existe fuera de la Iglesia Católica.

 

Solo los católicos practicamos la verdadera caridad evangélica.

 

35
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “los protestantes también practican la caridad evangélica”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había afirmado que “el fundamento de la caridad es la pura Fe Católica” [33]. Al respecto, Nos afirmamos que donde no está el Señor no puede haber verdadera caridad ni verdadero amor, sino altruismo.

 

La doctrina de la Iglesia es eterna.

 

36
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “la doctrina recibida en la Iglesia trata de materias sometidas a incesante evolución”. Con gran descaro, proponen los Padres del Concilio “la adaptación del Evangelio “a cada pueblo y a cada mentalidad”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa San Pío X había condenado la afirmación de los herejes modernistas de que “todo, en religión, cambia” [34]. Al respecto, Nos afirmamos una vez más, que la doctrina de la Iglesia Católica es la Verdad Absoluta, y es, por tanto, eterna. El cielo y la tierra que nuestros ojos perciben hoy en este valle de lágrimas pasarán con el tiempo, pero la Palabra del Señor no caducará.

 

La unidad no se concilia con la diversidad.

 

37
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de “reconocer todas las legítimas diversidades y buscar un diálogo en dicha diversidad”. Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había condenado esto al afirmar que “donde hay diversidad, la unidad se rompe” [35]. Todos hemos sido testigos en estos años post-conciliares del surgimiento de numerosos grupos eclesiales, con falsas teologías y liturgias particulares. Esto ha sido uno de los signos de la presencia de la abominación desoladora -la apostasía- en la Iglesia.

 

Dios no es el fin de los que se condenan.

 

38
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “Dios Padre es el fin de todos”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Benedicto XII había afirmado que “los que mueren en estado de pecado mortal no son destinados a Dios” [10]. Al respecto, Nos afirmamos que la visión beatífica es una de las bienaventuranzas, y afecta solo a los que limpian su corazón de toda mancha, bien en este mundo, bien en el purgatorio, por la acción salvífica de la Iglesia Católica, única que purifica y limpia las almas.

 

Los protestantes están separados de la Santísima Trinidad.

 

39
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que con los protestantes ”nos sentimos unidos por la confesión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había afirmado que “los protestantes no tienen ni la Trinidad, ni la Vida, ni la Salvación” [6]. Al respecto, Nos afirmamos una vez más que los protestantes son rama cortada de la Vid del Señor, y, al carecer de la gracia, son rama seca destinada al fuego eterno. Una vez más, les llamamos a la necesaria conversión al catolicismo, si es que quieren salvarse.

 

No es posible la unidad fuera de la Iglesia Católica.

 

40
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que “muchos -no católicos- desean la unidad de todos los que reconocen a Cristo”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Pío XI había afirmado que “si sueñan con la unidad, que vuelvan a la Iglesia” [36]. Al respecto, Nos afirmamos una vez más que la unidad pasa por la aceptación plena de la Verdad. No se puede sacrificar esta última en aras de la primera. Nos condenamos, pues, todas las manifestaciones de sincretismo y falso ecumenismo que hemos visto practicar a los falsos líderes católicos en el tiempo post-conciliar. Las más escandalosas, las reuniones de Asís de los sucesivos antipapas.

 

No es posible relacionarse con el Dios vivo fuera de la Iglesia Católica.

 

41
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los no cristianos tienen tradiciones con “preciados elementos religiosos”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa Gregorio XVI había afirmado que “fuera de la Iglesia Católica no hay verdadera adoración a Dios” [37]. Al respecto, Nos afirmamos una vez más que nuestro Dios, la Santísima Trinidad, es un Dios celoso, y que, por tanto, la práctica de las falsas religiones suponen un pecado mortal por faltar al principal mandamiento, el primero.

 

No es posible ser hermanos de los que persiguen a la Iglesia.

 

42
También conviene censurar severamente la pretensión del modernismo progresista que inspiró el CVII de que los católicos establezcamos un diálogo con los que “se oponen a la Iglesia y la persiguen de varias maneras”. Ya Nuestro Predecesor en el cargo, el Papa León XIII había ordenado “evitad cualquier amistad con los que persiguen a la Iglesia” [38]. Al respecto, Nos afirmamos que el necesario amor a nuestros enemigos no supone hacernos cómplices de los mismos, sino perdonarlos de corazón y trabajar/ rogar por su conversión.

 

Conclusión

 

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Esta rápida exposición, Venerables Hermanos, os muestra ya claramente cuánta razón teníamos de decir que el modernismo progresista que inspiró el Concilio Vaticano II opuso su errónea doctrina contra la sana doctrina tradicional de la Iglesia, que construyó su particular religión falsa mediante una teoría contraria a la Verdad católica y que falsificó con astucia diabólica las nociones esenciales y fundamentales que la Santa Madre Iglesia proponía desde su creación para la salvación de las almas por un supuestamente “nuevo” humanismo. Esta falsa religión –la religión del hombre- viene a proclamar los derechos del hombre (GS:41), ninguneando los derechos de Dios. En absoluto podemos entenderla como algo nuevo, pues Nos la vemos ya presente en la tentación a Adán y Eva en el Paraíso Terrenal. El documento que juzgamos, pues, ha sido profundamente pernicioso en tanto que dio los frutos que sus autores –la cizaña masónica infiltrada- perseguía, esto es, un debilitamiento de la fe y un abandono de las auténticas prácticas de la religión católica, única religión verdadera, fuera de la cual no hay salvación, sino condenación eterna. No es de extrañar que en el documento en cuestión se sobrevalore a “la cultura”. El catolicismo, como es evidente, se diluye dentro de ese concepto ocupando solo una parte, más o menos importante, pero que entra en competencia con islamismo, budismo, y muchos otros “ismos”. El asunto se agrava mucho más por la razón de que dicha “cultura” se declara autónoma de Dios (GS:59). Nos señalamos, como autor de este documento anticatólico, al mismo Lucifer, padre de la mentira, en tanto que fue su cuerpo místico, el anticristo, o masonería eclesiástica (la bestia que salió de la tierra del libro del Apocalipsis), vinculada a una organización masónica con marcado carácter y dimensión internacional (El Gran Oriente de Francia), quien puso su firma. La firma de Lucifer la vemos claramente, aunque dispersa a lo largo del documento que juzgamos. Es la conocida divisa del Gran Oriente de Francia (los principios de libertad, igualdad y fraternidad), de modo que a la afirmación de Jesucristo –Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida-, su enemigo, Lucifer, responde –yo soy la libertad, la igualdad y la fraternidad-.

El principio de libertad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en GS:62 y en GS:73, donde se proclaman “la libertad de investigación (incluye la teológica), la libertad de pensamiento (incluye la libertad de opinión y/o de conciencia) y la libertad religiosa (incluye el respeto a todas las religiones)”.

El principio de igualdad Nos lo vemos reivindicado también en todo el documento, pero de forma explícita, en GS:69, donde se afirma que “los bienes creados deben llegar a todos de forma equitativa” o “las posesiones legítimas no son exclusivamente de quien las posee, sino también comunes”.

El principio de fraternidad Nos lo vemos claramente reivindicado en todo el documento, pero de forma explícita, en GS:38, donde se proclama que “hay que esforzarse por instaurar la fraternidad universal”, en GS:56, donde se proclama que “los hombres han de unirse fraternalmente en una sola familia humana”, o en GS:61, donde se aconseja “establecer relaciones fraternas entre los hombres de todas clases, naciones y razas”.

Dichos tres principios luciferimos –que el mundo aplaude-, podemos ver, venerables hermanos, cómo corroyeron el sano magisterio tradicional de la Iglesia, haciendo que cristalizase, desde 1958 hasta nuestros días, la abominación desoladora que profetizó Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia, esto es, la apostasía.

Así, vemos cómo los misioneros católicos, por respeto a la libertad religiosa, dejaron de hacer proselitismo a favor de la única religión que salva. También hemos visto aparecer, conforme al principio de igualdad, el falso ecumenismo que practicaron sucesivos antipapas en las abominables reuniones de Asís. También hemos visto aparecer, conforme al principio de fraternidad, el error de la colegialidad, esto es, conferencias episcopales cuyas voces eclipsan a la del Papa. Aparte de estos, Nos observamos muchos otros errores, aparte de los aquí denunciados, algunos de los cuales se presentan en la Tabla 1.  

 

Tabla 1.- Afirmaciones e ideas falsas que el padre de la mentira, Lucifer, ha incluido implícita o explícitamente, en el documento del Concilio Vaticano II Gaudium et spes y Nuestra respuesta.

 

Afirmación/ idea falsa propuesta en Gaudium et spes

Respuesta de la Iglesia Católica Remanente (Papa Francisco, Fátima Mística)

Existe unión íntima de la Iglesia con la familia humana universal.

Solo hay unión íntima de los hijos de la Iglesia que permanecen en estado de gracia con el Papa y Jesucristo.

La Iglesia está al servicio del hombre.

La Iglesia está al servicio de Dios y, por ello, también sirve al hombre.

La ciencia y la técnica producen cambios profundos y una revolución global en la sociedad que exige “nuevos análisis”.

Todo lo que Dios quiere revelarnos ya nos lo reveló en Jesucristo, el Señor, y el magisterio de su verdadera Iglesia, la Católica. No hay “nuevos descubrimientos teológicos” que pudieran ampliar nuestro Catecismo.

La familia patriarcal sufre cambios profundos.

La Sagrada Familia –San José, la Virgen María y Jesús- son el modelo de familia agradable a Dios para siempre. No hay novedades a este respecto.

La libertad se ejerce hoy de modo más perfecto y personal que antiguamente.

La libertad se ejerció plenamente al principio, en el Paraíso Terrenal, se perdió por el pecado original de nuestros primeros padres, y se volvió a recuperar, por Jesucristo, en la redención del mundo. En este valle de lágrimas, solo los católicos en gracia somos libres, y en las postrimerías, los que se salvan.

La sociedad está sujeta a cambios psicológicos, morales y religiosos que suponen (= justifican) un cambio de mentalidad y de estructuras.

Ese cambio de mentalidad y de estructuras es la apostasía en la sociedad, que niega los mandamientos de Dios y de su Iglesia.

El espíritu crítico purifica a la sociedad moderna de conceptos mágicos y residuos supersticiosos.

El magisterio de la Iglesia carece de conceptos mágicos y residuos supersticiosos. Lo que predica la Iglesia es la Verdad revelada, y no admite crítica, sino aceptación obligatoria.

Los desequilibrios del mundo moderno (conflicto generacional, nuevas relaciones sexuales, discrepancias raciales, discrepancias sociales –ricos y pobres-, ideologías, etc.) suponen una rápida mutación que justifica la realización de las aspiraciones más universales de la humanidad.

La esperanza de los católicos no está en “mejorar” este valle de lágrimas, sino en que tras pasar por la muerte, resucitaremos en el Paraíso, como prometió el Señor al buen ladrón en el Calvario el primer Viernes Santo.

El hombre y la mujer son iguales.

En el principio, ambos –hombre y mujer- fueron libres, pero tras la primera caída en tentación, ordenó el Señor que la mujer casada se someta a su marido. La no casada ha de someterse a su padre carnal y a la Iglesia.

Las personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena (= digna) que hay que alcanzar ya en este valle de lágrimas.

La vida solo es plena en las postrimerías de esta vida temporal, cuando desaparezcan las consecuencias del pecado original, como el dolor, la enfermedad, la muerte, etc.

La humanidad, en el futuro, será libre, aún dentro del tiempo.

La humanidad está invitada a la libertad de los hijos de Dios ya dentro del tiempo, aceptando la Verdad católica. Dicha libertad será definitiva en la eternidad para los que se salven.

El Concilio se pregunta: ¿cuál es el sentido del dolor, del mal, de la enfermedad, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía?

El magisterio de la Iglesia responde ampliamente a estas cuestiones. El dolor, el mal, la enfermedad y la muerte solo se superan al llegar a la morada eterna, esto es, el Paraíso.

Aún hay que elucidar el “misterio del hombre”

No existe tal misterio, en tanto que la revelación divina y el magisterio de la Iglesia lo dice todo sobre la criatura humana.

El Espíritu de Dios nos da “mociones”, esto es, propuestas, que podemos aprobar o rechazar como en los parlamentos.

El Espíritu de Dios nos da “inspiraciones e impulsos”. Si los aceptamos nos santificamos, si los rechazamos, pecamos.

Es misión de la Iglesia levantar el edificio de la sociedad actual. Es misión de la Iglesia buscar una sociedad más humana y más justa.

Es misión de la Iglesia pescar hombres para la vida eterna en el Paraíso. La Iglesia no es una ONG, lo cual no quita nada a su obligatoria caridad.

Yerra la conciencia por ignorancia invencible sin que ello suponga la pérdida de su dignidad.

El pecador cae por su propia culpa, y ello supone la pérdida de la gracia.

La Iglesia debe de dialogar (= entenderse) con el mundo. La Iglesia debe aún madurar en la relación que debe de mantener con el mundo.

El mundo (este valle de lágrimas) es uno de los tres enemigos del alma. No podemos entendernos con él, sino aborrecerlo superando sus seducciones.

En todos los hombres de buena voluntad obra la gracia de modo invisible.

La gracia de Dios es el agua viva que se derrama en el alma de los católicos bautizados, y permanece en ellos solo si se mantienen libres de pecado. Se renueva con los sacramentos.

El amor de Dios y del prójimo es el primero y mayor mandamiento.

El primer y mayor mandamiento es “amarás a Dios sobre todas las cosas”, y el segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La Iglesia debe de establecer un diálogo con sus adversarios.

La Iglesia debe de denunciar proféticamente el pecado que observa en sus adversarios. Todo bautizado tiene dicha obligación.

Todos los hombres fueron redimidos por Cristo.

La Sangre de Cristo se derramó, exclusivamente, por su esposa, la Iglesia, de modo que la redención no puede actuar sobre los no bautizados.

Las realidades espirituales de los hombres solo se alcanzarán en un largo plazo de tiempo.

Las aspiraciones espirituales de los hombres están presentes ya en el Reino de Cristo, la Iglesia.

Los extraordinarios medios de que el género humano dispone hoy en día nos facilitan procurar una más amplia cultura espiritual.

Todo lo que necesitan saber los católicos está contenido en su catecismo. No necesitamos esa “amplia cultura espiritual errónea” que Lucifer difunde hoy por sus medios.

Tenemos el proyecto de someter todas las cosas al hombre.

El proyecto de los católicos es someter todas las cosas a Dios.

La actividad humana se ordena al hombre.

La actividad humana se ordena a Dios.

Es justa la autonomía de la realidad terrena. Es legítima la autonomía de la Ciencia.

La realidad terrena no puede abstraerse de Dios. Las ciencias del hombre no pueden entrar en contradicción con la revelación Divina, ni con el magisterio de la Iglesia.

Las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores.

La creación y, por tanto, la sociedad, no pueden abstraerse de la ley de Dios y las virtudes católicas.

El hombre es capaz de establecer la unidad en sí mismo.

El hombre solo encuentra la unidad consigo mismo cuando se une, por la obediencia, a Cristo. Esta unidad solo es posible en la Iglesia Católica.

La Tierra nueva y el Cielo nuevo son cosas de este mundo, que se establecerán dentro del tiempo, cuando venga el Señor.

La Tierra nueva es el Paraíso Terrenal, y el Cielo nuevo es la Gloria de Dios que ilumina al primero. No los verá la humanidad nunca dentro del tiempo, sino que los verán los salvados, en la eternidad.

Existen la Ciudad Terrena (habitada por todos los hombres vivos en este mundo) y la Ciudad Eterna (habitada por todos los hombres que ya pasaron por el valle de la muerte).

Existe la Iglesia Militante (católicos aún vivos en este mundo) y las Iglesias Purgante y Triunfante (católicos que ya pasaron por el valle de la muerte). Los condenados estarán eternamente en el Infierno.

La Iglesia eleva la dignidad de la persona. El que sigue a Cristo incrementa su dignidad.

La Iglesia eleva la santidad de la persona. El que sigue a Cristo incrementa su santidad.

El hombre contemporáneo camina hoy hacia la afirmación creciente de sus derechos.

La Iglesia proclama, desde su nacimiento en el Calvario, los derechos de Dios. Los derechos del Creador limitan los de la criatura.

La Iglesia reconoce y estima en mucho el dinamismo de la época actual (GS:41, afirmado en 1965).

La Iglesia no se reconoce en la generación perversa que apostató en 1958, y que profundizó en la apostasía en los años posteriores.

Los laicos no deben pensar que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aún graves, que surjan (Esta afirmación está en consonancia con el documento conciliar “Apostolican Actuositatem”, en el que se declara que los laicos ya se pueden pastorear a sí mismos).

Los Pastores de la Iglesia tienen el deber de iluminar en la Verdad cualquier cuestión, mucho más las graves. El Señor les pedirá cuentas si, por su incompetencia, se pierde eternamente alguna de sus ovejas.

Es propio de todo el Pueblo de Dios interpretar las múltiples voces de nuestro tiempo.

Las múltiples voces de nuestro tiempo, amplificadas por los medios de comunicación de masas, conforman una cultura perniciosa para la salvación de las almas. Dichas voces solo pueden ser interpretadas por los verdaderos Papas.

El Verbo de Dios se encarnó para salvarlo todo.

El Verbo de Dios se encarnó para salvar a muchos –la Iglesia-.

La Iglesia puede entrar en comunión con las diversas formas de la cultura

La Iglesia solo puede entrar en comunión con su propia cultura.

Empléense los descansos oportunamente para distracción del ánimo … con actividades, … turismo, …

Reza y trabaja (ora et labora). Solo el Domingo es día de descanso, para dedicarlo a asistir a la Santa Misa Tridentina y otras obras santas.

Los más recientes estudios, y los nuevos hallazgos de las ciencias, de la historia, y de la filosofía, suscitan problemas nuevos … que reclaman nuevas investigaciones teológicas.

El Depósito de Nuestra Fe –el Dogma Católico- es perfecto y completo, y no necesita novedades teológicas. Nos rechazamos, pues, el espíritu revisionista que inspiró este y resto de documentos alumbrados por el CVII.

 



Bibliografía católica citada

 

[1] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907).

 

[2] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 57.

 

[3] Quas Primas. Encíclica del Papa Pio XI condenando los errores modernos. 11 diciembre (1925), 19.

 

[4] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1801,1806.

 

[5] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 2073.

 

[6] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII sobre la unidad de la Iglesia (29 de junio de 1896). 5.

 

[7] Mirari Vos. Encíclica del Papa Gregorio XVI condenando el liberalism –libertad de conciencia y libertad de culto- (15 de agosto de 1832). 28.

 

[8] Quas Primas. Encíclica del Papa Pio XI condenando los errores modernos. 11 diciembre (1925), 18-19.

 

[9] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 705.

 

[10] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 531.

 

[11] Quas Primas. Encíclica del Papa Pio XI condenando los errores modernos. 11 diciembre (1925), 19.

 

[12] Casti Connubii. Encíclica del Papa Pio XI. 31 diciembre (1930), 15.

 

[13] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907), 14.

 

[14] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1756, 1757.

 

[15] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1617.

 

[16] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 794.

 

[17] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 2273.

 

[18] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 74.


[19] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 792.

[20] Satis Cognitum. Encíclica del Papa León XIII (29 de Junio de 1896), 4.


[21] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 12.

 

[22] Casti Connubii. Encíclica del Papa Pio XI. 31 diciembre (1930), 28.

 

[23] Casti Connubii. Encíclica del Papa Pio XI. 31 diciembre (1930), 28-29.

 

[24] Notre Mandat Apostolique. Encíclica del Papa San Pio X condenando los errores del movimiento humanista francés “Le Sillon”. 25 agosto (1910), 24.

 

[25] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 856.

 

[26] Ineffabilis Deus. Bula del Papa Pio IX. 8 diciembre (1854).

 

[27] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907), 23.

 

[28] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1800.

 

[29] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 1851.

 

[30] Notre Mandat Apostolique. Encíclica del Papa San Pio X condenando los errores del movimiento humanista francés “Le Sillon”. 25 agosto (1910), 25.


[31] Enchiridion Symbolorum. “Les sources du Dogme Catholique”. Denzinger, H.J.D. Imprimatur (1955), 469.

 

[32] Decrees of the Ecumenical Councils. A two-Volume Set, Volumes 1 and 2. Editor, Norman P. Tanner. Editorial, Sheed & Ward and Georgetown University Press (ISBN: 9780878404902 or 0878404902). (1990), 360.

 

[33] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 11.

 

[34] Pascendi Dominici Gregis. Encíclica del San Pio X en contra los errores del Modernismo (8 de septiembre de 1907), 26.

 

[35] Casti Connubii. Encíclica del Papa Pio XI. 31 diciembre (1930), 43.

 

[36] Mortalium Animos. Encíclica del Papa Pío XI (6 de Enero de 1928), 16.

 

[37] Summo Iugiter Studio. Encíclica del Papa Gregorio XVI sobre los peligros de los matrimonios mixtos (27 de mayo de 1832), 68

 

[38] Custodi Di Quella Fede. Encíclica del Papa León XIII en contra de la masonería (8 de diciembre de 1892), 15.

 

 

Papa Francisco, sobre los errores del documento del Concilio Vaticano II: Gaudium et spes.

 

 

Fátima Mística, 26 de Agosto de 2017