La Virgen María, madre de Dios y de la Iglesia

María, mujer sencilla que vivía en un sencillo pueblo -Nazaret- fue escogida por Dios para ser su madre. Fue concebida por sus padres libre del pecado original. Es por ello que la llamamos la Inmaculada Concepción. El Señor de Cielo y Tierra se encarnó en sus purísimas entrañas por obra del Espíritu Santo, y vino a este valle de lágrimas, como un hombre cualquiera, de forma que se hizo "todo hombre", siendo al mismo tiempo "todo Dios". Es por este misterio que la Iglesia cree y proclama que MARIA ES LA MADRE DE DIOS.

Por otra parte, María se hizo presente en el misterio de la redención del mundo, esto es, el sacrificio cruento de su hijo Jesús en el calvario el primer viernes santo. En ese misterio, Jesús, desde la cruz, le señaló al discípulo Juan (en Juan estaba presente toda la Iglesia naciente) y le dijo: "he ahí a tu hijo". Desde entonces, la Iglesia cree y proclama que MARÍA ES MADRE DE LA IGLESIA.

Durante unos 2000 años de cristianismo, María ha intercedido por los miembros de la Iglesia -los bautizados- y, ante la inminencia de la llegada de la abominación desoladora al lugar santo, esto es, a la Iglesia, se apareció en 1917 en Fátima a tres niños portugueses a los que entregó un mensaje profético, esto es, un mensaje en el que denunció la llegada de la apostasía a la Iglesia y, al mismo tiempo, anunció la salvación de la misma, por medio de lo que ella misma llamó el TRIUNFO DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA.